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El pasado jueves se inauguró en la Escuela de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de Manizales el año Eudoro Galarza Ossa, en homenaje al primer periodista asesinado en Colombia, el director del diario La voz de Caldas de esta ciudad, ultimado a sangre fría por un oficial del Ejército que con bala quiso imponer una rectificación, que no tenía asidero. Este crimen, cometido hace 80 años, quedó impune. La defensa de Jorge Eliécer Gaitán llevó al jurado a privilegiar el honor militar sobre la vida de un periodista.
La presentación de este homenaje al primer mártir de la libertad de prensa en Colombia se dio durante una nueva sesión de la Cátedra Orlando Sierra Hernández de Periodismo, para recordar la memoria de ese otro periodista asesinado en la ciudad, el subdirector de LA PATRIA, quien el pasado primero de febrero cumplió 16 años de asesinado. Este homicidio es el primero en Colombia en el que se condena a toda la cadena criminal que tuvo que ver con su muerte, desde el sicario material hasta el autor intelectual, Ferney Tapasco González. El proceso se encuentra en la Corte Suprema, para decidirlo en casación.
Los asesinatos de periodistas en Colombia han disminuido de manera importante en los últimos 12 años, pero eso no quiere decir que se hayan detenido o que el país goce de un ambiente de seguridad para el ejercicio periodístico. Durante los siete años y medio que lleva en el poder Juan Manuel Santos, asesinaron a nueve periodistas. Si bien esta cifra es lejana de cuando este número podía ser el de los comunicadores asesinados en un año, preocupa que las muertes se sigan presentando, a lo que se suma un clima agresivo para ejercer la profesión en muchas partes. Así lo muestra el informe Estado depredador, que presentó la Fundación para la Libertad de Prensa desde Tumaco (Nariño).
A las 348 amenazas recibidas por periodistas durante ese mismo lapso y a los asesinatos, se suma el mapa del silencio que ha crecido en el país, lugares en donde el periodismo simplemente no existe y las pocas posibilidades que tienen de informarse no es garantía para la pluralidad informativa, necesaria para armarse una idea completa de los acontecimientos y evitar el sesgo. Esta es la hora, que después de cinco años no marcha la reparación prometida para los periodistas afectados por el conflicto armado ni para sus comunidades. La pauta publicitaria sigue siendo una forma de premiar o castigar periodistas en muchas administraciones públicas.

En un país en donde decenas de periodistas tienen asignados esquemas de seguridad, en donde son fustigados y amedrentados por servidores públicos de la más alta condición y en donde las cortes han empezado una peligrosa regresión en reconocimiento de los derechos de los ciudadanos a estar informados, no se puede hablar de que la libertad de prensa goce de buena salud. Es clave que los hoy candidatos a la Presidencia se comprometan a generar un entorno de libertad de prensa que ayude a apuntalar la democracia. De lo contrario, no podrán hablar de que esta anda bien.