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El secretario de Estado de los Estados Unidos, Rex Tillerson, estuvo en Colombia en una visita oficial que tuvo el narcotráfico y la economía como principales temas de la agenda. El enviado de Donald Trump ya estuvo en México, Argentina, Perú y cierra su gira latinoamericana en Jamaica. Resulta positivo que el vocero del gobierno estadounidense diga que sus compatriotas "se sienten muy alentados" con los avances de nuestro país en erradicación y sustitución de cultivos ilícitos, y que tras aceptar que hay una responsabilidad compartida de los dos países en este flagelo, se haya comprometido a respaldar con recursos la estrategia de Paz Colombia, y darle un golpe certero al narcotráfico.
Cada vez parece haber más conciencia en que además de continuar la persecución de las mafias, la mejor manera de atacar su estructura económica y cerrarle puertas a su oscuro negocio es brindarles a los campesinos que cultivan la coca la oportunidad de cambiar de actividad y concentrarse en producir alimentos, lo que ayudaría también a una mayor soberanía alimenticia. De la misma manera, que el actual gobierno estadounidense reconozca el rol de gran consumidor de drogas que tiene su sociedad, es fundamental para atacar el fenómeno en la manera correcta y adelgazar las posibilidades de ganancia de los narcotraficantes.
Durante su conversación con Tillerson, el presidente Juan Manuel Santos presentó un balance de 416 toneladas de cocaína incautadas durante el 2017 y el cumplimiento con creces de la meta de erradicación forzada, que llegó a las 54 mil hectáreas, y se comprometió a que a finales del 2018 se espera cumplir con 115 mil hectáreas erradicadas. Todavía hay expectativa acerca de los resultados de la estrategia de erradicación voluntaria, en la que participan 124 mil familias que tendrían sembrados en sus predios unas 95 mil hectáreas de coca; hasta el momento 30 mil familias estarían avanzando en los programas de sustitución.
Hay que resaltar también que el alto funcionario estadounidense se haya comprometido a respaldar la aspiración de Colombia para ingresar a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE); falta cumplir aún algunos requisitos técnicos en los que trabaja intensamente el Gobierno. Ese es un punto clave en el que el país tiene que enfocar sus mayores esfuerzos, por lo que implica ser parte de ese club y las posibilidades que se le abrirían a nuestro país para seguir creciendo y cerrando la brecha frente a los países más ricos del mundo. Este es un asunto adicional en el que es necesaria la cooperación con los Estados Unidos.
Sin embargo, más importante que estas declaraciones protocolarias y diplomáticas es que se concreten escenarios que incrementen las opciones de inversión estadounidense en Colombia y negocios para nuestros productores en ese país. Si bien a noviembre del año pasado, según el Gobierno, se vendieron a los Estados Unidos 3 mil 730 millones de dólares en bienes no minero-energéticos, la cifra podría ser mucho mayor si se diera un ejercicio real de cooperación equilibrada en el que no solo se exija sino que también se aporte sin egoísmos en temas como energía, educación, desarrollo rural, ciencia y tecnología.

El hecho de que Tillerson reconozca los esfuerzos de Colombia para hacerle frente a las consecuencias que tiene para la frontera la triste situación de Venezuela, debería concretarse en mayores apoyos de ese país para que la crisis en dichas regiones no se salgan de madre. Nuestro país se ha convertido en el mayor receptor de migrantes venezolanos que huyen del régimen dictatorial de Nicolás Maduro, el cual en lugar de ceder terreno parece afianzarse más y convertir a Venezuela en una bomba social cuyo estallido puede tener efectos todavía peores.