Como todo divorcio, la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE) no será un asunto sencillo. El pasado miércoles se oficializó la entrega de la carta firmada por la primera ministra británica, Theresa May, en la que se manifiesta que como consecuencia del resultado del referéndum del 23 de junio del 2016 es necesario cumplir el mandato del pueblo y avanzar en esa separación. Esta es, sin duda, la misiva más triste que ha recibido la UE en sus 60 años de historia.
De acuerdo con la comunicación el proceso de salida tardaría unos dos años, tiempo durante el cual se llevarán a cabo intensas negociaciones, que implicarán que del bloque europeo salga el 13% de su población y una sexta parte de su Producto Interno Bruto (PIB), así como la mitad de su arsenal nuclear. Mientras que en el tono de la comunicación de May se respira optimismo, en los líderes de la UE se aprecia un sentimiento de incertidumbre, ya que es innegable que tal decisión los debilitará a ambos.
De hecho, no ha sido bien acogido en Europa que tras manifestar los deseos de tener las mejores relaciones con este continente en el futuro, la primera ministra británica advierta que la cooperación en seguridad podría interrumpirse si no se obtiene un buen acuerdo comercial. El hecho de tener tal cantidad de arsenal nuclear y ocupar un puesto en el Consejo de Seguridad de la ONU aparecen como las armas más contundentes de negociación para el Reino Unido, algo que ha molestado mucho a los líderes europeos, quienes señalan que no dejarán que se les pongan las condiciones de cómo será la negociación.
La primer ministra alemana, Ángela Merkel, ha sido cortante al afirmar que primero debe quedar claro cómo se va a gestionar dicho divorcio de manera ordenada, tomando en cuenta los derechos y obligaciones ligados a la pertenencia a la UE, antes de poder hablar acerca del futuro de la relación del continente con el Reino Unido. Parece tener claro que no se dejará chantajear con la amenaza de Londres de irse sin acuerdo si después de dos años de negociaciones no obtiene el trato que desea hacia el futuro. Ahora bien, como en toda separación lo mejor sería, con seguridad, alcanzar un buen acuerdo.
Lo cierto es que el tiempo ya empezó a contar, y la Unión Europea comienza a estructurar su estrategia de negociación, la cual terminará de ser elaborada durante el Consejo Europeo extraordinario del próximo 29 de abril. En términos de dinero se calcula que el Reino Unido, para poder irse, tendrá que pagar a la UE unos 60.000 millones de euros, tomando en cuenta las contribuciones pendientes al presupuesto comunitario, el reparto de activos y el pago de pensiones. Sin embargo, lo más importante será establecer los derechos de los europeos y británicos que actualmente viven en el Reino Unido y el resto del continente.
El presidente francés François Hollande describió este momento con mucha propiedad: el Brexit es "doloroso sentimentalmente" para los europeos, pero será "doloroso económicamente" para los británicos. Ahora bien, a estos últimos aún les queda un lío interno complicado, y es lograr que los escoceses los respalden, ya que en gran mayoría su deseo era el de mantenerse en la UE. Tal paso no será fácil para May, quien tendrá que lidiar con una sociedad dividida y tratar de sacar partido de la decisión que ya echó a andar.