El cierre del puente de Irra, corregimiento del municipio de Quinchía (Risaralda), tiene a Caldas, y buena parte del occidente del país, en una situación compleja en los desplazamientos de pasajeros y mercancías por la ribera del río Cauca desde Antioquia hasta los puertos del Pacífico y Manizales. Además de que hoy es preciso usar vías alternas que duplican el tiempo de los viajes y que no tienen condiciones óptimas, no se vislumbra una solución rápida que ponga fin a la emergencia que afecta a miles de vehículos que circulan habitualmente por allí. Todo indica que en menos de seis meses no será posible rehabilitar el paso, lo que obliga a que las medidas de contingencia funcionen de la mejor manera.
Lo más importante es que dado el estado actual del puente hoy no estamos lamentando una tragedia. Hubiera sido de enorme gravedad que esa estructura siguiera abierta con el riesgo de colapsar en algún momento. Si son ciertas las denuncias de la comunidad del sector, en el sentido de que desde hace por lo menos 8 años no se hace ningún mantenimiento estructural en el puente, hay que anotar que una inspección periódica habría detectado las posibles fallas con anticipación, y tal vez se habrían tomado medidas correctivas que tendrían el puente abierto y con garantías de seguridad.
Si miramos hacia adelante, lo fundamental es que se entienda la urgencia de lograr soluciones que lleven pronto a la normalidad. En eso hay que reconocer el interés de la Concesión Pacífico III de ejecutar las reparaciones necesarias, aún mediando una discusión con la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) acerca de su responsabilidad en dichos trabajos. Habrá, seguramente, argumentos acerca de las circunstancias en las que fue recibido el puente y sobre lo que significa tener a cargo el mantenimiento de la estructura, pero lo fundamental es que no se pierda tiempo y se logre su pronta rehabilitación.
Debería elaborarse un completo diagnóstico de las debilidades del puente y ver si es posible que con algún reforzamiento se use, al menos, por vehículos livianos, de tal manera que se eviten los traumatismos que hoy viven las vías alternas. Entre tanto, se debe garantizar que tales carreteras cuenten con las mejores especificaciones posibles. Eso implica ejecutar un rápido programa para tapar huecos, mejorar los pasos sin pavimento, podar las malezas que afecten la visibilidad y, en general, lograr que no sean demasiado largos los desplazamientos.
También es clave que se piense en cómo se afrontará el problema social surgido en Irra, poblado que históricamente ha dependido del flujo de vehículos para sus actividades comerciales. Si se toma en cuenta que en el nuevo trazado de la vía el puente sobre el río Cauca está previsto más al norte, la actual coyuntura debe acelerar las decisiones con respecto a las opciones económicas para las familias del corregimiento. En ello debe haber un acuerdo con las autoridades departamentales, incluso de Risaralda, para que se brinden otras posibilidades de ingresos familiares.
Llama mucho la atención que el de Irra no sea el único puente con problemas en Caldas. Ya el del corregimiento de Arauca (Palestina) y el de Bocas, en Aguadas, tuvieron que ser restringidos en su uso por los riesgos que representan. Por fortuna las reparaciones necesarias ya están financiadas y este año será posible su arreglo. En Manizales, el caso del puente Olivares es parecido, aunque la espera al parecer será mayor. Estos hechos son llamados de atención para que se haga una revisión exhaustiva del estado de los puentes en todo el país, muchos con más de medio siglo de vida, y así evitar nuevas emergencias como la actual.