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El pasado fin de semana un diario del Perú informó acerca de la expulsión de 35 colombianos, entre ellos 15 caldenses, por estar vinculados a ilícitos en localidades como Trujillo, Chiclayo y Piura. La actividad específica de estas personas sería el préstamo de dinero gota a gota, una modalidad que infortunadamente tendría a numerosos caldenses en diversos países como líderes del fraudulento negocio. Los afectados se quejan por ser víctimas de una supuesta persecución, lo cual puede ser cierto en algún grado, pero lo triste del caso es que estemos siendo referente en el exterior de presuntos actos delictivos.
Un informe publicado en este diario hace cerca de un mes mostraba cómo numerosos caldenses viajaron a países de América Latina con el propósito claro de dedicarse a los préstamos gota a gota. Eso los ha puesto como blanco de la violencia por quienes se cansan de los cobros y se niegan a pagar, pero es que esta modalidad informal de préstamos trae en su naturaleza estas consecuencias. Debemos ser conscientes de que también en Colombia esa es una actividad que lleva a muchos crímenes, por lo que también debe ser limitada por las autoridades. Por la forma como se recluta a cobradores podría pensarse en que también hay trata de personas en muchos casos. 
Quienes se van y se dedican a prestar dinero con altos intereses y con el pago gota a gota deben saber que en otros países no son tan laxos como aquí, y que esos gobiernos están en todo su derecho de actuar y expulsar a quienes consideren que están rompiendo sus reglas de convivencia. Es necesario que como sociedad reconozcamos que esta modalidad crediticia está muy cercana a los delitos de estafa, fraude y extorsión, por lo que en otros países podrían ser incluso judicializados como un delito grave. Ahora bien, también hay evidencias de autoridades de esos países ligadas a estas actividades, y que tendrían intereses en monopolizar el mercado. Como sea, son oficios en los que los colombianos y menos los caldenses deberían participar.
De hecho, por ese tipo de situaciones hay cerca de 15 mil 153 colombianos presos en el extranjero. De estos, 150 caldenses están detenidos en 13 países. Otros ni siquiera llegan a las cárceles, sino que son asesinados, como es la situación ocurrida a ocho caldenses en los últimos cuatro años en varios países. En el Ministerio de Relaciones Exteriores señalan que es imposible detectar a los colombianos que viajan para actuar como gota a gota, pues la mayoría salen supuestamente como turistas o estudiantes. "El que se va a eso, sabe del riesgo", manifiestan.
Es vergonzoso para Caldas que haya tantas personas del departamento ligadas a esas actividades en otros países, como Brasil, Perú, Ecuador, Bolivia, El Salvador, México, Guatemala, Chile y Argentina, y peor aún que sean ellos los pioneros de tales actividades allí. Eso lleva a que no solo a los colombianos, en general, se nos vea con desconfianza, sino que el hecho de ser caldenses también nos termine marcando. Es muy triste que los mismos prestamistas afirmen abiertamente que "los patrones duros son de Aranzazu", pero que además haya muchos provenientes de Pácora, La Merced, Chinchiná y otros pueblos de Caldas.

No podemos seguir siendo exportadores de delincuencia, cuando deberíamos trabajar todos en que se nos reconozca por la forma de ser de la mayoría de nuestra gente, que es trabajadora, amable y honrada. No podemos seguir cayendo en las peligrosas tentaciones del dinero fácil que siempre conducen a organizaciones mafiosas y al peligro para la propia vida y de los familiares. Hay que romper con esa espiral de comportamiento enfermizo que tanto daño nos hace a todos como sociedad.