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La reciente visita del vicepresidente de los Estados Unidos, Mike Pence, marcó la ratificación del buen momento por el que pasan las relaciones de Colombia con ese país, pero también significó la insistencia del gobierno norteamericano para que se avance con mayor rapidez en la erradicación de los cultivos ilícitos en nuestro país, donde en los años recientes se observó un incremento significativo y preocupante. Ese momento sirvió para que se le diera un nuevo espaldarazo a la paz pactada con las Farc, hoy ya completamente desarmadas, y para que se buscaran otros escenarios de cooperación en los que Colombia tiene grandes posibilidades.
También fue importante que, de manera franca, el presidente Juan Manuel Santos expresara su desacuerdo sobre una posible intervención militar en Venezuela, como lo manifestó Donald Trump de manera precipitada la semana pasada. En esta misma posición se encuentra toda América Latina, donde debemos aspirar a que los conflictos de cualquier índole se resuelvan por las vías democráticas y no con medidas de fuerza, que tan lamentables resultados arrojaron durante la segunda mitad del siglo pasado en la región. Además, esa posición es coherente con el deseo de que no solo Colombia sino toda América sea un continente de paz.
Desde luego que debemos preocuparnos por lo que está ocurriendo en el vecino país, y hay que trabajar para que retorne el orden institucional y se respeten las libertades y derechos ciudadanos, pero no puede buscarse la recuperación de la democracia usando herramientas de violencia. Hay toda clase de mecanismos que la comunidad internacional puede usar para presionar al régimen de Nicolás Maduro para que no profundice su comportamiento totalitario, pero la época en la que este tipo de situaciones internas de los países se resolvía por la ley del más fuerte y las acciones bélicas debe quedar atrás. Además, este tipo de propuestas de intervención lo único que logran es hacer de Maduro un mártir, un perseguido, y darle argumentos para justificar sus arbitrariedades.
El encuentro de Santos con Pence también oficializó las oportunidades que se tienen en el mercado estadounidense para productos como el aguacate Hass, el cual se cosecha con éxito en varias regiones de Colombia, entre ellas el norte de Caldas, como el municipio de Pácora, donde se ha logrado casi que el pleno empleo alrededor es esta estrategia productiva agrícola. Se demuestra que los campesinos de nuestro país, de manera organizada y bien planeada, tienen posibilidades en los exigentes mercados internacionales. Solo se trata de tener una buena estrategia, en la que el criterio empresarial, el enfoque en la calidad y una comercialización bien pensada pueden ser factores clave de prosperidad para el agro.

Otra oportunidad que nos toca directamente está relacionada con un mejor aprovechamiento de la declaratoria del Paisaje Cultural Cafetero como patrimonio de la humanidad. Un indicador que evidencia que podríamos cosechar mayores frutos en esta materia es el hecho de que el año pasado el número de turistas estadounidenses que llegan a Colombia se incrementó en un 16%, triplicando el 5% en promedio anual que se tenía antes. Para nuestra región este es un gran potencial para el que tenemos que prepararnos mejor, con el propósito de hacer que cada vez haya más extranjeros visitándonos y gastando en nuestro país.