Nuestro fútbol se ha convertido, infortunadamente, en un espectáculo en el que algunos supuestos seguidores de los equipos generan violencia, haciendo que lo que antes era un evento para disfrutar en familia se tenga que evitar o tratar de apreciarlo solo por la televisión. Es lamentable que en Manizales, que se ha caracterizado por ser una ciudad tranquila, cívica y de gran cultura ciudadana, estemos presenciando hechos como el ocurrido en la noche del pasado viernes en el estadio Palogrande y sus alrededores.
Es cierto que el desempeño del Once Caldas, que esa noche dejó perder valiosos puntos en su partido contra Jaguares, genera descontento entre sus hinchas, y que es válido protestar y hacer llamados a los dirigentes del equipo para que reaccionen, cuando ha sido motivo de alegrías y orgullo durante décadas, pero lo que no puede admitirse es que tales reclamos terminen convertidos en vandalismo, delincuencia y toda clase de comportamientos reprobables, frente a los cuales no puede haber laxitud.
Por eso, nos parece merecida la sanción que el Comité Local de Fútbol impuso a los miembros de la barra Holocausto, quienes no podrán ingresar con sus abonos a la tribuna norte que le fue asignada desde hace años. Los integrantes de esta barra tendrán así restringida su presencia en el escenario durante las próximas 12 fechas en las que el Once Caldas jugará de local en los torneos de la Copa y de la Liga Águila. La salvaje agresión de la que fueron víctimas varios policías, los daños a los vehículos de esa institución y las afectaciones a viviendas del sector ameritan un castigo como el previsto, el cual pudo ser más severo.
Está bien que los dirigentes de esa barra llamen a sus miembros a calmarse y a evitar nuevos hechos de violencia, pero la apelación que presentarán, supuestamente porque la sanción es excesiva, no se justifica. No solo hay que tomar en cuenta los hechos del 7 de abril, pues esa pésima conducta viene de atrás, con la agresión física a jugadores del equipo y supuestas amenazas contra miembros del Once Caldas. Eso requiere medidas de choque que se conviertan en una lección contundente, que dejen claro que esa clase de actos tienen que ser castigados. Además, para el partido pasado ya estaban establecidas unas prohibiciones que no fueron atendidas por Holocausto y tal desacato ayudó a generar más desórdenes y violencia.
La tranquilidad de la ciudad está primero que el interés de unos pocos, quienes incluso se benefician con recursos públicos que son entregados por el Municipio de Manizales para programas para los miembros de la barra. Es más, debería reflexionarse acerca de si tales gastos deben mantenerse, o condicionar su entrega a resultados que verdaderamente sean positivos para la ciudad. No es pertinente financiar a un grupo que agrede con alevosía a los agentes de la Policía, que deja heridos a cuatro de ellos y que atemoriza a la ciudadanía.
También es el momento para hacer un llamado al Gobierno Nacional y a la Dimayor para que se implemente lo más pronto posible el sistema de cámaras con reconocimiento facial, que fue prometido hace varios años y que año tras año sufre aplazamientos. De la misma manera no se pueden seguir alargando los tiempos de la carnetización de los hinchas y la instalación de herramientas biométricas en las entradas al estadio, con lo que serían fácilmente controlados los seguidores violentos del equipo, y lograr así que las familias puedan volver a fútbol con la garantía de no terminar en medio de una trifulca.