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Inconveniencia económica, social y administrativa es esgrimida como el argumento para hundir el proyecto de Acuerdo que buscaba darle continuidad a la estampilla prouniversidades, para recaudar cerca de $300 mil millones en 20 años. Por lo menos así lo señaló el concejal ponente Víctor Hugo Cortés (liberal), para explicar su oposición a que esta iniciativa fuera aprobada. Los recursos recaudados a través de este mecanismo se han vuelto palpables en distintos programas e iniciativas en las dos universidades públicas de la ciudad, la Nacional y la de Caldas, con beneficios innegables al proyecto de consolidar a Manizales como ciudad universitaria.
Razón tienen los estudiantes y los directivos de las dos instituciones en hacer reclamos ante una decisión que va en contravía de lo que la ciudad se ha propuesto desde hace décadas. Hasta ahora los recaudos logrados se han convertido en laboratorios, proyectos de investigación, infraestructura educativa, entre otros asuntos como la Universidad en tu colegio y apoyo a estudiantes de bajos recursos económicos. No parecen justificadas las razones que tuvieron los concejales que hundieron el proyecto, en el sentido de no saber con exactitud en qué se invierten tales recursos.
La estampilla prouniversidad consiste en el pago que hacen los contratistas de la Administración Municipal del 1% de los contratos y convenios que se realicen, y es un mecanismo que viene operando y que fue reglamentado en el 2012, en los que las metas de recaudo no se cumplieron plenamente. Con la negativa de su extensión por 20 años más, el compromiso de ayudar a las universidades públicas con sus finanzas se queda en el aire y amenaza con debilitar aspectos de calidad y cobertura que habían recibido impulso con esos dineros.
Es posible que a los directivos de ambas universidades les haya faltado estar más atentos a cada paso del proyecto para resolver de manera eficiente las dudas que pudieran tener los corporados; si en la Asamblea de Caldas fue posible aprobar esa estampilla en diciembre pasado, lo lógico era que esta vez se hiciera un trabajo de gestión ante los concejales de características similares. Conciliar cuentas es un tema sencillo que no debió ser determinante para decir que la iniciativa no sería aprobada; solo se requería solicitar claridad y explicaciones y seguir adelante.
Ya el alcalde Octavio Cardona anunció que volverá a presentar el proyecto, en el que se insistirá en que entidades como Infimanizales, Aguas de Manizales, Assbasalud y la Lotería queden por fuera de esta obligación, lo mismo que los contratos de baja cuantía. Si eso era lo que se quería los concejales debieron ser claros en ese condicionante, y argumentar muy bien su conveniencia. Lo que nos parece claro es que, basados en los informes de Manizales Cómo Vamos, el impacto de las universidades locales en la dinámica económica de la ciudad es grande, así que para Manizales la inconveniencia económica, social y administrativa es no aprobar la estampilla, que además es respaldada por una ley del Congreso de la República.

Cuando el proyecto vuelva a ser presentado en sesiones ordinarias, lo que debe esperarse es que los directivos de las dos universidades estén más atentos y brinden toda la información que soliciten los concejales para que no vuelva a hundirse la iniciativa. A los corporados hay que pedirles que acompañen la decisión de la ciudad de enfocarse en la educación para atraer jóvenes de todo el occidente colombiano, que también aportan recursos significativos a nuestra economía. Esa ya es una retribución muy importante a lo que entrega la estampilla, por lo que debe mantenerse por encima de cualquier otro interés que se tenga.