En una decisión que era previsible, pero que no deja de generar estupor, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, anunció el retiro de su país del Acuerdo de París. Tal actitud es, sin duda, un duro golpe a los pocos avances que se habían logrado en el mundo para enfrentar las amenazas del Cambio Climático, que para nada es ciencia ficción, sino una realidad irrebatible que el mandatario norteamericano desconoce de manera caprichosa. Tal determinación es un ataque a todo el planeta que podría acelerar el deterioro que ha venido sufriendo el ambiente y que en las próximas décadas podría llegar a puntos críticos.
Los países europeos, e inclusive asiáticos como China, han manifestado que seguirán adelante con sus compromisos para bajar las emisiones que afectan el equilibrio ambiental del planeta. Sin embargo, al ser los Estados Unidos el segundo país contaminante en gran medida y pretender ahora tener patente de corso para agravar su comportamiento en contra de vitales intereses de la humanidad, los esfuerzos del resto del mundo pueden resultar infructuosos y, por lo mismo, podría fortalecerse el desgano y la negligencia general, lo que solo llevaría a acelerar el deterioro que ya tiene expresiones muy claras y evidentes en diversos lugares de la Tierra.
Para países como Colombia esta es una pésima noticia, ya que se verá afectada la financiación de proyectos verdes que se tenían en la agenda. Países en desarrollo, como el nuestro, han tenido la esperanza de que se les transfieran recursos por cerca de 100 mil millones de dólares anuales, provenientes del Fondo Verde del Acuerdo de París, con destino a tecnificar procesos de energía y proteger bosques. Al cancelar Estados Unidos todas las líneas de financiación para tales iniciativas solo queda la lejana esperanza de que otras potencias incrementen sus aportes para que lo planeado no se quede en el vacío.
En diciembre del 2015 se había logrado un avance histórico al concretar el apoyo de 195 países a la idea de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. El pasado jueves dicho entusiasmo quedó truncado y regresó el temor de que en poco tiempo las temperaturas atmosféricas superen el umbral de los 2 grados centígrados, lo que haría que gran parte del hielo de los polos se derrita y que el nivel de los mares suba peligrosamente, a lo que habría que sumar un comportamiento cada vez más incierto de los climas cálidos y fríos, causando inviernos más fuertes y sequías más inclementes, con claras consecuencias negativas en la producción de alimentos y lucha contra la pobreza. Ya en Manizales, con el fuerte aguacero del 19 de abril, tenemos evidencias de lo que puede hacer un clima enloquecido.
El expresidente Barack Obama se había comprometido a recortar en un 26% para el 2025 la emisión de gases perjudiciales, con respecto al 2005, y también tenía previsto entregar 3 mil millones de dólares a países en desarrollo para ayudarles a no depender tanto de combustibles fósiles, pero hoy tales compromisos fueron echados por la borda. Esperamos que países como China, que también son responsables de gran contaminación ambiental, sigan con su meta de que en el 2030 una quinta parte de su electricidad provendrá de fuentes libres de carbón.
Como la salida formal de los Estados Unidos debe seguir unos protocolos que durarán cerca de cuatro años, hay la esperanza de que para el 2020 llegue a la Casa Blanca un administrador que rescate el camino perdido, y que mantenga y fortalezca los compromisos que Obama adquirió. El mundo no puede quedar expuesto a la tozudez de un líder que piensa imponer sus criterios a la fuerza sin que nada más importe. Los demás líderes del planeta deben reaccionar redoblando esfuerzos y estableciendo mecanismos que exijan a los Estados Unidos volver al Acuerdo de París.