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Un proyecto de apenas cinco artículos con el que se pretende acabar definitivamente con las corridas de toros en Colombia, le daría un fuerte golpe a la más tradicional de las fiestas de Manizales, su feria anual, y de paso afectaría seriamente la economía de esta región, a la que llegan cada año amantes de la fiesta brava de todo el país y del mundo con el ánimo de disfrutar del arte taurino, una expresión cultural con raíces en el Viejo Continente, que logró arraigarse con fuerza en Colombia, donde la capital de Caldas sobresale con luz propia.
El pasado 1 de febrero la Corte Constitucional dio un plazo de dos años al Congreso de la República para que legisle sobre las corridas de toros y espectáculos similares, los cuales quedaron excluidos de multa o castigo en la ley 1774 de 2016, en la que se penalizaron conductas de maltrato animal. Algunos legisladores presentaron iniciativas al respecto, pero fue el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, quien decidió presentar el pasado 5 de mayo una iniciativa en la que el rejoneo, las corridas de toros, las novilladas, las becerradas y las tientas ingresan al paquete de prohibiciones. Se mantendrían exentas la riñas de gallos y el coleo.
Dice el proyecto que se pretende fortalecer la cultura ciudadana para la paz y el respeto a la vida de los animales, así como la derogación del Reglamento Nacional Taurino. Eso no solo va en contra de la cultura y la economía de una ciudad como Manizales, sino que resulta contradictorio al poner por encima de los derechos de las personas a los animales, lo que significa violentar la ley en contra de una minoría taurina caracterizada por sus buenos comportamientos en el escenario y por su sana afición por una expresión de profundas raíces históricas y artísticas.
La iniciativa contempla un plazo de seis meses, después de expedida la ley, para que haya un plan de atención y una propuesta con nuevas actividades económicas y culturales para la sustitución e integración laboral de quienes se dedican a la actividad taurina. Para ser aprobado este proyecto se necesitarían cuatro debates, lo que podría indicar que la próxima Feria de Manizales sea la última, algo que es un completo exabrupto porque en el caso de nuestra ciudad no solo la gente que se dedica a lo taurino depende de dicha fiesta, sino miles de personas que desarrollan sus actividades económicas alrededor de la plaza durante esa semana.
A los argumentos para acabar con la fiesta brava en Colombia se contraponen fallos como el emitido por la misma Corte Constitucional en el 2014, en el que fue claramente plasmado el derecho a la libre expresión artística de los amantes de la tauromaquia y se ordenó el regreso de las corridas de toros a la plaza Santamaría de Bogotá. Además, quienes se oponen al toreo deberían comprender que sin las corridas ya se hubieran extinguido los toros de lidia, los cuales desaparecerán necesariamente con la fiesta brava. De aprobarse, se estaría configurando un ataque feroz a los derechos de una minoría que se quedaría sin su principal disfrute cultural ancentral, que en países como España son un patrimonio inmaterial.

La relación de Manizales con los toros es profunda, y tendría un gran impacto para su propio ser si la monumental plaza de toros pierde su esencia. Resulta paradójico que en aras de la siembra de una supuesta paz se favorezca al sector radical de los animalistas que han sido capaces de agredir a inermes taurinos que solo buscan disfrutar de su afición en completa paz. Quien no guste de este arte tiene la opción de no ir a la plaza, y su obligación es respetar a los que piensan distinto.