Javier Mauricio García Chiquito, gerente de la empresa de aguas de Villamaría, Aquamaná, dijo una frase contundente hace cerca de un año: “Hace unos 20 años el Municipio no invierte en acueducto”. Esa falta de interés en actualizar la planta y los permanentes problemas que han afectado las tuberías tienen a cerca de 15 mil personas con el servicio de agua potable intermitente desde el pasado domingo, una situación que podría evitarse de varias maneras, si existiera la voluntad política para lograrlo. El propio alcalde, Juan Alejandro Holguín, admite que el acueducto es obsoleto, y que fue construido hace 30 años para atender 20 mil habitantes, cuando la población actual se acerca a las 70 mil personas.
Como la temporada invernal evoluciona sin freno las obras de reparación de la tubería dañada cerca de la bocatoma del acueducto han requerido más tiempo del previsto, lo que ha hecho que la intención de normalizar rápidamente el suministro del agua se haya quedado en solo eso, una buena intención. Ayer comenzó a llegar agua a las zonas altas del Municipio, pero no de manera permanente. Lo más complejo es que según los pronósticos la temporada de lluvias se extenderá hasta mediados de junio próximo, por lo que el riesgo de nuevos problemas es evidente.
Lo que vive Villamaría no es un asunto nuevo. Casi que cada vez que el invierno arrecia en la zona el acueducto colapsa y se desencadenan los racionamientos. Pese a tal recurrencia, apenas desde el año pasado se comenzó a tramitar un proyecto con la Financiera de Desarrollo Territorial, Findeter, por cerca de $20 mil millones con el propósito de intervenir las redes y dar mayores garantías de un mejor servicio. Hoy la calidad del agua potable y la continuidad en su suministro son muy débiles en el vecino municipio, y se requerirán inversiones bastante altas para satisfacer a los usuarios.
La presidenta del Concejo, Olga Elena Flórez Patiño, asegura que lo único que hace falta es que se establezca un buen plan b que evite que los habitantes de Villamaría se queden sin el servicio cuando ocurran este tipo de emergencias. Sin embargo desestima la posibilidad de una integración entre los acueductos de Manizales y su municipio, lo que en nuestro concepto podría ser la mejor manera de asegurar un plan b efectivo para cuando aparezcan los problemas con el invierno. No solo Aguas de Manizales ofrece calidad sino que, generalmente, tiene un volumen de producción que le permitiría cubrir, por ejemplo, las zonas de Villamaría que hoy están afectadas. De la misma manera, si el problema es en Manizales, como también ha sucedido, el acueducto de Villamaría se convertiría en una fuente que aliviaría emergencias.
Es cierto que las autoridades municipales tienen todo el derecho a defender su autonomía y la permanencia de Aquamaná como su empresa propia que administra el acueducto, pero también es verdad que los ciudadanos merecen ser atendidos de la mejor manera, con agua de calidad excelente y sin intermitencias. Esto es algo en lo que deben reflexionar los dirigentes villamarianos y lograr alianzas con Aguas de Manizales para atender en casos como el actual los sectores afectados con el corte. Solo se requerirían mínimas adecuaciones de carácter técnico para empalmar ambos acueductos y hacer uso de ese plan b únicamente cuando sea necesario.
Hechos como los actuales en ese municipio hacen pensar en la urgencia de concretar el sueño de tener en el centro-sur de Caldas el área metropolitana de la que se habla desde hace cerca de tres décadas, y a la que también deberían ingresar Neira, Chinchiná y Palestina. Si ese mecanismo estuviera funcionando, problemas como este serían resueltos de manera más rápida y eficiente.