Hay muchas evidencias de la participación rusa en el envenenamiento del exespía de ese país Serguei Skripal y su hija en suelo británico, en lo que los cuatro mandatarios de las potencias occidentales calificaron como el primer uso ofensivo de un agente nervioso en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Aunque Vladimir Putin negó que su país tenga el químico señalado, sus actuaciones en la anexión de Crimea, su apoyo a Bachar al Asad en Siria y su cada vez más clara injerencia en las elecciones del 2016 en los Estados Unidos lo dejan en la mira como un factor desestabilizador en el mundo.
Y el mundo reacciona. Occidente empieza lentamente a enviar mensajes con el retiro de al menos 116 diplomáticos. El momento se torna complejo después de la cuarta reelección de Putin, esta vez con un respaldo histórico de casi el 75% en las elecciones presidenciales celebradas hace dos semanas en Rusia. Este exdirector de la KGB es más que un líder polémico. Se ha encargado de revivir el fantasma de la Guerra Fría y logró que la semana antepasada el Reino Unido, Alemania, Francia y hasta Estados Unidos se unieran a rechazar la evidente injerencia de su régimen en diferentes episodios clave de Occidente, que apuntan a desestabilizar y afectar la democracia.
El temperamento impasible de Putin le imprime un halo misterioso y desafiante con el que el mundo tendrá que convivir por lo menos hasta el 2024. Su permanencia en el Kremlin es, sin duda, una amenaza para la seguridad de todos. Eso va en consonancia con las preocupaciones de Ángela Merkel, Theresa May, Emmanuel Macron y Donald Trump, que le exigieron a Rusia que esclarezca los hechos del exespía y la producción del agente nervioso usado en su ataque, prohibido por acuerdos internacionales.
Después de que el Reino Unido expulsó a 23 diplomáticos rusos, Putin respondió de manera similar, pero falta ver si hará igual ahora que Estados Unidos se fue con todo y ordenó la expulsión de 60 diplomáticos de su país y la petición de que cierre su consulado en Seattle. 22 países han seguido el ejemplo. En una reacción que no se esperaba debido a la distancia que se ha abierto entre los británicos y el resto de Europa después del brexit, y a la política egocentrista estadounidense al mando de Trump, que hasta ahora había sido bastante tímido en sus críticas al Kremlin. Los aliados de la posguerra se vuelven a unir para mostrarle un solo frente al encumbrado líder ruso.
Preocupa mucho que Putin y sus actos arbitrarios se mantengan en el poder, desde donde persistirá seguramente en sus acciones desestabilizadoras, que no hacen caso del orden internacional. Al parecer las sanciones económicas impuestas a ese país y a ciudadanos rusos cuyas actuaciones poco limpias no han surtido los efectos esperados, mientras que la falta de cohesión de Occidente es evidente y genera dudas sobre cómo se enfrentará en el futuro al envalentonado Putin.
Será importante que el señor Skripal se recupere y pueda dar su versión acerca de los hechos que lo afectaron, y de esa manera tener más elementos que señalen al régimen ruso como responsable del uso de armas químicas ilegales en territorio británico. Una consecuencia directa de estos hechos podría ser la no asistencia de la selección inglesa de fútbol al Mundial previsto en Rusia a mitad de año, lo que generaría un antecedente serio de efectos aún por verse.