El 2017 fue un año de transición entre un 2016 marcado por la firma del acuerdo de paz con las Farc y un 2018 en el que hay grandes expectativas acerca de la posible continuidad a un proceso de construcción de paz, que es el mayor desafío de Colombia en el futuro. En medio de contrastes termina este periodo de tiempo en el que la mayor alegría, quizá, corrió por cuenta de la histórica visita del papa Francisco con un mensaje de reconciliación y perdón al que todavía es necesario escuchar con mayor atención.
En el plano nacional también sufrimos tragedias como la avalancha que acabó con varios barrios de Mocoa, capital del Putumayo, donde murieron 320 personas en la madrugada del 1 de abril. Ocurrió un paro absurdo, como todos los paros, de los pilotos de Avianca, lo que generó caos en los aeropuertos y la cancelación de numerosos eventos en todo el país por no haber garantías para los desplazamientos.
Así mismo, se profundizaron los problemas de la salud, que aún no encuentran las rutas para la solución definitiva y sorprendieron los escándalos de corrupción en la justicia con el famoso Cartel de la Toga y las revelaciones acerca de las coimas de Odebrecht para obtener contratos del Estado. En un año que se pensó sería el de la paz, el Congreso de la República tramitó algunas leyes importantes para la implementación del acuerdo con las Farc, pero al final hizo el ridículo con el aparente hundimiento de las 16 circunscripciones especiales para las víctimas; el fast track para agilizar dicho proceso no fue suficiente y temas fundamentales siguen en el tintero.
En el plano internacional el fantasma de Odebrecht y su aura corruptora se paseó por toda América Latina, tocando a funcionarios del más alto nivel en varios países, como el presidente peruano Pedro Pablo Kuczynski. Se profundizó la crisis venezolana después de violentos choques callejeros entre los opositores al régimen de Nicolás Maduro y los violentos miembros de la Guardia Nacional; puede decirse que el chavismo logró atornillarse más en el poder, sin que se vean posibilidades de dar un giro que mejore la situación.
Sin embargo, el hecho más importante y preocupante fue el ejercicio de poder del nuevo presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien en cada actuación mostró hasta dónde pueden llegar con sus acciones irresponsables. Las tensiones con Corea del Norte, su actitud frente al problema sirio, su desprecio por el pacto para atacar el Cambio Climático, su ejemplo xenófobo que impulsó choques raciales en su país, y sobre todo su decisión de llevar la embajada estadounidense en Israel a Jerusalén, entre otras muchas decisiones polémicas, llevaron a que el 2017 sea un año inolvidable.
El terrorismo del Estado Islámico, pese a su aparente derrota en el Medio Oriente, siguió haciendo de las suyas, y generando una ola global antiinmigración que habla muy mal de la solidaridad y de los derechos humanos que tanto pregona Occidente. Mientras tanto, la China continuó su avance en el camino de convertirse en la principal potencia del mundo en las próximas décadas.
En el plano local nos tocó vivir una emergencia invernal como las que no se tenían desde hace mucho tiempo en la ciudad, debido a un aguacero de grandes proporciones que ocasionó deslizamientos en los que murieron 17 personas. De igual manera Caldas vio con agrado el regreso de Guido Echeverri a la Gobernación, pero también el fracaso del Once Caldas al mando del técnico Francisco Maturana. Algo realmente bueno fue la realización en esta capital del 85º Congreso Nacional Cafetero, como parte de la celebración de los 90 años de la Federación Nacional, con lo que Caldas se consolida como meca de esa importante actividad económica.