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En Caldas se contabilizan 1.273 personas que, pese al transcurso del tiempo, permanecen desaparecidas. La gran mayoría de ellas se esfumaron sin dejar rastro durante los violentos años de finales de la década de los 90 y comienzos de la década pasada, cuando el conflicto armado alcanzó sus niveles más abominables. Paramilitares, guerrilleros y hasta agentes del Estado se vieron inmiscuidos como responsables de tales desapariciones, y son miles los familiares de estas personas que todavía sufren al desconocer el paradero de sus seres queridos. 
Por fortuna, la firma del Acuerdo Final con las Farc para su desmovilización y entrega de armas es un factor favorable para que se frene este fenómeno vergonzoso. También con la desmovilización paramilitar de la década pasada se logró frenar esa racha terrible de personas desaparecidas, pero siguen ocurriendo este tipo de situaciones desafortunadas, por diversas circunstancias, a lo cual hay que ponerle pronto un punto final y lograr que en el proceso de construcción de paz que debemos emprender nadie corra con tan nefasto destino.
En los años venideros se tiene la esperanza de que la Unidad de Búsqueda de Desaparecidos, creada como parte de los acuerdos de La Habana, permita que muchas de las personas cuyos rostros se publican hoy en este diario, aparezcan, ojalá vivas, o que por lo menos sus familiares puedan acceder a sus restos para ser sepultadas de manera digna. Para quienes no tenemos que sufrir con la tragedia permanente de un familiar desaparecido es inimaginable el dolor que padecen los allegados que viven en medio de la incertidumbre acerca de qué les ocurrió a los suyos.
También debe ilusionarnos que la Justicia Especial para la Paz (JEP) funcione el próximo año de manera adecuada y que puedan saberse muchas verdades del conflicto armado que nos ha tocado a los colombianos en varias décadas, y que ello permita llegar a las fosas comunes y demás lugares en las que los actores armados sepultaron a muchas personas que desaparecieron durante la guerra y siguen siendo buscadas por sus familias. Este es uno de los puntos principales para construir paz y evitar que en el futuro regresen los episodios de violencia.
Una tarea importante que debe asumir la nueva Unidad es la precisión de cifras, ya que son bastante distintas las que manejan las entidades que hasta ahora se han ocupado tangencialmente del tema. De acuerdo con el registro de la Unidad de Víctimas hay 46.970 desaparecidos a la fuerza en el país. Según el director de Medicina Legal, Carlos Eduardo Valdés, los registros de la entidad dan cuenta de 25.140 personas desaparecidas forzadamente, de un universo de 87 mil. Entretanto el Centro Nacional de Memoria Histórica, en su informe de 2016, hace referencia a 60.630 casos. Sin embargo, lo más importante será poder darles noticias concretas a quienes siguen esperando a sus familiares.
En esta época de reflexión, en la que muchas personas logran reunirse alegremente a despedir el año y a esperar el próximo, debemos pensar en aquellos hogares en los que impera un enorme vacío por aquellos que nunca volvieron. Unas cuantas familias han ido encontrando algo de paz, al saber que los despojos mortales de sus parientes están siendo identificados y pueden ir a rezarles ahora a un cementerio, pero falta que muchas otras puedan tener igual reposo.

Como sociedad debemos ser conscientes de que el fenómeno de las desapariciones es realmente grave, y que se requiere una mayor atención del Estado y solidaridad ciudadana. Es triste conocer casos como el de la familia Marulanda Marín, que lleva 18 años esperando noticias de Mario Marulanda Pérez, padre, esposo y hermano, quien desapareció cuando tenía 39 años. Lo único que se sabe es que paramilitares lo asesinaron, pero no se conoce dónde fue abandonado su cuerpo.