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Cerca de 8 millones de niños y jóvenes de escuelas y colegios oficiales de Colombia se encuentran hoy perjudicados por el paro nacional indefinido de educadores que comenzó ayer, y del que no se ve un horizonte de salida rápida, debido a que el Gobierno Nacional ha sido contundente en responder que el apretón fiscal que tiene el país no permite ampliar los beneficios económicos a ningún sector incluyendo el educativo, y a que Fecode asegura que si no hay plata el cese se mantendrá. A eso se suma la exigencia de cambios en el sistema de salud que cubre a los maestros, que pasa por una crisis similar a la que tiene el sistema general de salud para el resto de colombianos.
La protesta de los educadores que, si bien posee argumentos válidos, tiene consecuencias muy nocivas para la formación de los colombianos más jóvenes de estratos sociales medios y bajos, comenzó paradójicamente un día después del llamado Día E, que ha querido ser convertido por el Gobierno en una jornada de reflexión en los colegios acerca de la calidad educativa, pero que no ha logrado el impacto esperado, ya que incluso en algunos establecimientos esta vez podría decirse que el cese de actividades académicas empezó desde la víspera. Así que el día de la calidad educativa fue realmente su antítesis.
Ahora bien, es justo reconocer que al observar los resultados del Índice Sintético de Calidad Educativa, en lo que respecta a Caldas, hay altibajos. De 4,99 en el 2015 se subió a 5,38 el año pasado, pero este año volvió a descender a 5,29 en la educación media (10 y 11). Para primaria y secundaria el desempeño fue algo mejor. En Manizales sí se observa una buena mejora, al ubicarse hoy en 6,41, cuando el año pasado fue 6,31 y en el 2015 apenas 5,77 también en educación media. Así, mientras que Caldas está por debajo del promedio nacional de 6,01, Manizales se encuentra por encima.  
En esto, sin duda, se aprecian los efectos de la llamada Jornada Única que se viene implementando desde hace unos años, con la que los alumnos hacen un mejor uso de su tiempo en las escuelas y colegios, a la vez que tienen la oportunidad de profundizar en conocimientos clave en las áreas en las que hay debilidad. Los educadores reclaman por el número de estudiantes por maestro, piden alza de salarios y dotación de las instituciones, y pueden tener razón, pero también ellos deben hacer su aporte para que la calidad educativa mejore.
Vemos cómo en distintas instituciones hay maestros que trabajan de manera muy creativa para generar en los alumnos amor por el aprendizaje, es admirable ver que varios están tan comprometidos con su tarea y están tan enamorados de su profesión que siempre buscan la manera de dejar huella en los estudiantes y darles el mejor ejemplo para que sean personas de bien, no solo llenas de conocimientos sino con gran calidad humana. Duele, por eso, que otros en lugar de esforzarse en aprovechar cada vez más el tiempo lo malgastan, o hacen muy poco para que no solo mejore la realidad de sus alumnos sino de la sociedad en general.

Los directivos de Fecode han sido enfáticos en despreciar el Día E, creen que se tiende a la privatización del sector, pero dicho sesgo infortunadamente no permite ver la importancia de que toda la comunidad educativa piense en lo que cada actor puede hacer para seguir avanzando. En cambio, sí parecen estar dispuestos a perder el tiempo en solo quejarse de supuestas condiciones laborales inapropiadas, que si se observan con perspectiva han mejorado en forma ostensible. Desde luego que hacia el futuro hay que mejorar en todos estos aspectos, pero hay que entender que el panorama económico no es propicio. Es un sofisma decir que el tiempo perdido se recupera, el tiempo que pasa no regresa, y los grandes perjudicados son los alumnos.