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Cuando, desde el mismo 19 de abril pasado, el Gobierno Nacional desplegó todo un operativo para hacer presencia en Manizales y manifestar su determinación de prestar una fuerte y rápida ayuda a la capital de Caldas para hacerle frente a las consecuencias del invierno, todo el mundo pensó que a la misma velocidad llegarían las soluciones concretas para los cientos de familias damnificadas, y que en muy poco tiempo se vería un proceso claro de reconstrucción y de obras para atender lugares que todavía permanecen en riesgo y que pronto podrían ser epicentro de nuevas emergencias.
 La realidad es que si bien se ha visto la voluntad, la premura con que se requieren las soluciones no se ha dado. Inclusive hasta una fuerte pelea entre el gobernador encargado, Ricardo Gómez Giraldo, y el alcalde de la ciudad, Octavio Cardona León, ha generado nuevas confusiones entre las personas afectadas, pues mientras el primero anota que además de Manizales hay municipios de Caldas que están afectados y requieren inversiones en obras de mitigación, el segundo asegura que la orden presidencial es que para la atención de las necesidades de Manizales se inviertan los dineros de regalías.
 En esto hay que tener claro que los recursos de regalías tienen un trámite de ley en los Órganos Colegiados de Administración y Decisión (OCAD), y que el trámite es presentar allí los proyectos para luego esperar las aprobaciones respectivas, y en lo cual el gobernador departamental tiene incidencia. Así que en lugar de ahondar las diferencias lo que debería hacerse es trabajar en equipo para que el proceso de tales aprobaciones se dé sin mayores inconvenientes y así fluyan más rápido las soluciones. Inclusive, el Departamento Nacional de Planeación debería actuar de tal manera que no haya lugar a ningún malentendido.
 Si ya hay proyectos revisados, priorizados y viabilizados por cerca de $52 mil millones para Manizales, como lo afirma el Alcalde, hay que seguir avanzando en ellos, y considerar el enfrentamiento entre los dos mandatarios como un hecho coyuntural sin mayor trascendencia. Lo responsable es que ambos mandatarios le bajen la temperatura al debate y se pongan de acuerdo acerca de lo prioritario, que claramente es atender la emergencia de Manizales, donde los daños fueron mayúsculos, y las consecuencias para cientos de familias bastante duras. Sin embargo, también en cierto que los otros municipios afectados por la ola invernal deben presentar sus proyectos con la esperanza de obtener recursos nacionales.
 El ministro de Transporte, el manizaleño Jorge Eduardo Rojas, quien ha estado al frente de las gestiones del Gobierno en estos temas se sostiene en que la Nación mantiene sus compromisos con Manizales, lo cual nos da tranquilidad. Ahora bien, es también verdad que el trámite de los apoyos ha sido lento, como todo lo que es responsabilidad del Estado. No es para hacer paros como los que se han adelantado en el Chocó o en Buenaventura, pero sí es necesario apretar el ritmo para que no reine el descontento y más bien en un futuro próximo la región pueda exaltar el gran compromiso del Gobierno para ayudar a esta región en un momento difícil.

 Por acá pasaron varios ministros que proyectaron inversiones importantes para atender la emergencia y colaborar en la construcción de un mejor futuro. En lo que tiene relación con la vivienda hay grandes esperanzas, ya que lo ideal sería que ni una sola familia manizaleña quede en zonas de riesgo por el invierno, y que cuando vuelvan los aguaceros no tengamos coterráneos con el peligro de morir, como les ocurrió a 17 personas en abril pasado. Es responsabilidad del gobierno nacional, departamental y local hacer todos los esfuerzos para que los resultados sean óptimos. Flaco servicio se presta cuando se plantean peleas en escenarios en los que debe primar la solidaridad.