El viernes pasado comenzó en el estadio Palogrande de Manizales el control en el ingreso para las barras populares que acompañan al Once Caldas. En próximas semanas, según la División Mayor del Fútbol Colombiano, Dimayor, toda persona que pretenda ingresar al escenario deportivo para los partidos de la Liga de fútbol profesional deberá portar el carné que actualmente se expide tras el pago de $11.900. No obstante, hay muchas dudas acerca de los efectos de esta medida con respecto a la seguridad que se necesita en los estadios, donde la identificación de quienes ejercen violencia en forma recurrente resulta bastante complicada en las actuales circunstancias.
Desde hace por lo menos cinco años, el Gobierno Nacional, la Dimayor y los demás miembros de la Comisión Nacional para la Seguridad, Comodidad y Convivencia en el Fútbol, vienen hablando de instalar sistemas de biometría y cámaras con tecnologías de reconocimiento facial, pero nada se ha concretado al respecto. Lo de la carnetización parece ser un procedimiento para dar la sensación de avance en este objetivo, pero este paso no da plenas garantías de poder mantener la paz en los estadios, o que en momentos en los que surjan hechos de violencia los responsables puedan ser identificados y sancionados.
Ya existen normas suficientes para aplicar en estos casos, como la Ley 1445 y el mismo Código de Policía, pero las herramientas para actuar se quedan cortas, y da la impresión de que la simple carnetización es insuficiente, que todos los esfuerzos que se vienen haciendo podrían quedarse estancados allí. La Dimayor, por ejemplo, evade la posibilidad de invertir en los sistemas que darían una mayor confianza, y asegura que el Estado es el llamado a financiar la biometría y las cámaras. Los damnificados de tanta dilación y evasivas son los hinchas tranquilos, porque cuando ocurren hechos violentos se sancionan tribunas y hasta estadios completos, y no a los directos responsables de las agresiones.
La carnetización que lidera la Dimayor se viene implementando en Cali, Barranquilla, Medellín, Bogotá y ahora en Manizales. Tuboleta es la empresa encargada de proveer los documentos en todo el país, así como los molinetes o registradoras de entrada a los escenarios. En el caso del Palogrande serán 30 de estas máquinas, que ojalá sirvan para llevar un registro fidedigno de quienes ingresan, y que se pueda bloquear de manera efectiva a los que cometan desmanes. Se necesita que el nuevo gobierno de Iván Duque retome estas iniciativas y las concrete, para prevenir nuevos conflictos como los que se denuncian permanentemente en los estadios colombianos.
En el caso de la capital caldense es positivo que se esté tratando de mirar la situación de manera integral, acompañando la emisión de los carnés con mejoras en el Puesto de Mando Unificado y con renovados sistemas de perifoneo en el estadio, pero la biometría y un moderno andamiaje de cámaras interconectadas son necesarios para brindar mayor seguridad. Esa tal vez sea la única forma en la que las familias podrán regresar al escenario a brindar acompañamiento al equipo, sin que eso implique exponerse a que los violentos les dañen la fiesta. Tampoco puede caerse en el error de no permitir el ingreso al estadio de aquellas personas que muy esporádicamente asisten a él, o que son turistas que solo buscan disfrutar de ese momento una vez en sus vidas. Ojalá que esta solución que podría ser parcial se perfeccione y se convierta en una estrategia completa que nos dé tranquilidad a todos.