La portada del número más reciente de TIME muestra a los Estados Unidos aislado del resto del mundo. Es una metáfora de lo ocurrido el pasado viernes en el Foro Económico Mundial de Davos (Suiza), donde el presidente de ese país, Donald Trump, insistió en su programa "América Primero", con lo que quiso dar un nuevo golpe al multilateralismo al que le sigue apostando Europa. Aunque aseguró que tal enfoque económico no significa que Estados Unidos actúe solo, sino abierto a los negocios, en el ambiente quedó la sensación de que el líder estadounidense no quiere cooperar en nada y solo busca concretar sus caprichos.
En este escenario internacional Trump defendió su enfoque proteccionista y mostró los supuestos beneficios que se han alcanzado, lo que vendió como positivo para el resto del mundo, debido a los empleos que las empresas de su país generan en otros países. No obstante, insistió en que promoverá el crecimiento del aparato productivo por dentro de las fronteras estadounidenses, por la vía de recortar los impuestos a los inversionistas. Lo cierto es que la economía norteamericana viene en alza y los resultados en ese ámbito le empiezan a dar la razón al mandatario; pareciera una evidencia más de sus innegables habilidades de negociante, pero habrá que ver hasta qué punto tal estrategia es sostenible.
En la importante conferencia se ha tratado, además, el estado mundial de la economía, que en el 2018 tiene visos más positivos que en años pasados. Hay un ambiente general de optimismo, en parte motivado por el alza del precio del petróleo, y por la dinámica de países como China, que harán que el crecimiento global esté en niveles del 3,9%. El hecho de que el Fondo Monetario Internacional (FMI) haya elevado las expectativas de crecimiento de la economía colombiana al 3% durante este año tiene que ver en parte con esto, pero también por el mayor interés que despierta en el mundo la posibilidad de invertir sin riesgos en un país que es considerado el de mayor vocación de prosperidad en América Latina, por haber hecho ajustes internos oportunos y estar construyendo paz.
Los europeos reflexionan en esta cumbre acerca de su papel en medio de las tentaciones del aislacionismo y las posibilidades de retomar el liderazgo mundial, cuando es evidente la recuperación económica del continente, basada en el libre comercio, la interconexión y el enfoque global, en el que todavía hay que trabajar a fondo para vencer las desigualdades. En dicho ambiente, la oportunidad de países como el nuestro para estrechar vínculos comerciales con ese continente es innegable, y es fundamental buscar la mejor forma de obtener beneficios: volver realidad la palabra cooperación es clave.
Davos también ha sido escenario para discutir asuntos neurálgicos de los avances y riesgos de las tecnologías, y de las responsabilidades que tienen emporios como Google y Facebook en las perversidades de las Fake News, que circulan por tales plataformas sin los mayores controles. Eso viene generando influencia en las decisiones que se toman en las democracias de Occidente y transformando la historia en manera bastante delicada. Los acuerdos alrededor de la necesaria regulación de todo este fenómeno fue un asunto central en las discusiones, pero el paso a la práctica no deja de ser complejo en un mundo que también tiene el deber de proteger la libertad de expresión de los individuos.
En ese sentido despertó gran rechazo el viernes que el presidente estadounidense arremetiera contra los medios de comunicación, calificándolos de “desagradables, malos, crueles y falsos”, cuando en realidad son estos los que más tienen que luchar contra las noticias falsas que se promueven en las redes sociales, y que en el caso específico de Trump ayudaron a su elección a finales del 2016. Esto muestra la cercanía que existe entre los enfoques proteccionistas en la economía y los populismos en la política, que peligrosamente pueden afectar las democracias.