El desastre de Mocoa (Putumayo), en el que se reportan 314 personas fallecidas (106 menores de edad), cerca de 173 desaparecidas y 332 heridas, pondrá a prueba al Estado en cuanto a su rapidez para ejecutar las obras necesarias, así como en el manejo eficiente y transparente de los recursos. Después de una semana de la avalancha que arrasó con cerca de 500 viviendas y locales comerciales, y que produjo alrededor de 5 mil damnificados en esa capital del sur del país, hay que pensar con claridad acerca de la reconstrucción, en la que los aspectos ambientales son básicos.
Para hoy está previsto que el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) presente un plan para que Mocoa se levante de los escombros y la tristeza y no solo recupere lo que se perdió en la madrugada del sábado 1 de abril, sino que establezca una plataforma económica sólida que se traduzca en su desarrollo futuro. Hoy la situación sigue crítica por la incomunicación por tierra con ciudades vecinas, persisten los problemas para reconectar la energía eléctrica y para acceder al servicio de acueducto. Se espera que en un mes estos servicios estén totalmente habilitados.
Durante toda esta semana el país ha vivido una explosión de solidaridad, representada en donaciones en dinero que ascienden a unos $5 mil millones y en casi 100 toneladas de alimentos, 80 toneladas de agua embotellada y toda clase de artículos de cocina, enseres y ropa. En esto, sin embargo, pese a la insistencia de manejar un solo canal de recolección y distribución coordinado por el Gobierno, se han establecido toda clase de estrategias informales que han generado desorden en la llegada de las ayudas a los damnificados. Eso ha permitido la aparición de inescrupulosos que se han robado parte de lo destinado las familias afectadas.
El ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, será el encargado de liderar la tarea de reconstruir Mocoa, aprovechando su experiencia al frente de la reconstrucción del Eje Cafetero hace cerca de 18 años, cuando un sismo destruyó gran parte de la región. Su presencia es prenda de garantía de que se podrá ejecutar un proceso eficiente en las obras y que se dará prioridad a los aspectos vitales, gracias a su aprendizaje en el proceso del Forec. No obstante, tienen que seguirse todos los protocolos y procedimientos que aporten garantía plena de total transparencia en la inversión de los recursos y en su orientación a las obras fundamentales para que Mocoa pueda resurgir.
Es comprensible que en el primer momento de un desastre como este haya algún grado de descoordinación, pero en adelante tiene que haber una sincronía general entre los distintos actores del Estado, para ser eficientes en las tareas urgentes de atención humanitaria, avance hacia la estabilización del poblado y pasos certeros hacia la recuperación total de la capital del Putumayo. En ese sentido, un punto fundamental es que se destinen los mejores terrenos para la nueva infraestructura de vivienda y que las zonas arrasadas tengan un uso que no implique presencia masiva de personas.
Algo fundamental es que las cuencas de los ríos que atraviesan Mocoa entren en un proceso de reforestación y tratamiento ambiental que además de ofrecer una mayor estabilidad para evitar deslizamientos de tierra, amplíe las posibilidades de tener en el largo plazo fuentes hídricas que surtan con generosidad el acueducto. La historia señala la presencia de este tipo de avalanchas en décadas pasadas, por lo que no es descartable que en el futuro puedan reaparecer. No se pueden ahorrar esfuerzos para ejecutar obras clave de mitigación, entre las cuales las más importantes deben apuntar a la protección de las cuencas de los ríos.
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