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La improvisación en el manejo del sistema de recaudo en el cable aéreo de Manizales no puede negarse. En el reciente pasado el uso de unas pequeñas fichas que, en muchos casos fueron suplantadas por algunos pasajeros por otra clase de elementos fraudulentos, para no pagar la tarifa, llevó a que se generara una vena rota de recursos que no han permitido, entre otras cosas, que ese sistema de transporte sea rentable. Desde hace meses se habla del uso de tarjetas como la solución al desangre, pero la deficiente planificación tiene a muchos usuarios sin poder adquirir los plásticos, con lo que el remedio tampoco ha funcionado.
Así, pues, la forma en que se manejan los recursos por tiquetes del cable aéreo en Manizales deja mucho qué desear. Resulta increíble que después de años de denuncias, de inversiones cuantiosísimas y de anuncios perentorios para usar solo tarjetas, estas se agoten y se vuelva a una forma insegura de recaudo. Algo huele muy mal en lo que allí sucede sin que los organismos de control ayuden mucho a dar claridad. Solo un informe de la revisoría fiscal ha sido muy claro en identificar todos estos errores.
La forma en que la gerencia del cable aéreo trata de restarle importancia a esta reiterada situación muestra falta de rigor para atender el problema que se suscita y que deja en evidencia un alto riesgo de corrupción en la entidad, a lo que se le tendría que dar toda la prioridad. Para ello, bueno sería que se acelerara la inclusión de la Gobernación de Caldas e Inficaldas en las estructuras de Gobierno, paso que se ha dificultado con excusas que no tienen mayor explicación. El hecho de que haya varias entidades en una junta directiva mejora el gobierno corporativo y obliga a mejores controles. No hay duda de la ruta a Villamaría le ha dado impulso al cable desde que esta línea se abrió.
Estamos hablando de dineros públicos y de un sistema que no se está inventado en Manizales. El cobro con tarjeta electrónica, con sistemas de control, con verificación de los saldos existe en todas partes del mundo en donde hay plataformas similares. Por esto, resulta por lo menos curioso pensar que después de tantos años y quejas reiteradas no se haya resuelto esta situación, que a estas alturas la forma de verificar los tiquetes univiaje sea con un rayón que pone el vigilante o que en las góndolas las personas tengan que cargar la tarjeta porque las tienen que mostrar para bajarse. Eso no tiene por qué pasar en un sistema moderno.
Ahora que el Plan Maestro de Movilidad insiste en la necesidad de extender más líneas de cables en Manizales para mejorar el transporte público, bueno sería que antes se mirara si se tiene la capacidad para atender esto. Al fin y al cabo, un negocio del cable es ofrecer servicios de administración a cables en el país, pero si empieza a flaquear en su propio control, ¿cómo le va a garantizar a un tercero que sí le puede ejercer esa tarea? No puede negarse que en Cali se viene haciendo bien ese trabajo, y tal vez también logre hacerlo en Bogotá, si logra ese contrato, pero es pésimo referente tener tanto desorden en casa.

Ya la Fiscalía tiene conocimiento de las denuncias que se han presentado ante ella, la Contraloría ha hecho advertencias y hablado de hallazgos, pero es hora de que estos organismos pasen a responsabilizar a quien corresponda, porque hasta ahora solo se dan excusas y, entre tanto, la improvisación sigue haciendo de las suyas en la administración de este importante medio de transporte.