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El régimen de Kim Jong-Un parece burlarse del mundo cuando, pese a las múltiples advertencias que se le han hecho, vuelve a lanzar un misil balístico, esta vez intercontinental, lo que se convierte en una nueva y grave provocación a la comunidad internacional, principalmente a los Estados Unidos, que es el país al que los coreanos del norte han amenazado de manera directa. En un hecho inusitado, el misil Hwasong-14 subió hasta una altitud de 2.802 kilómetros y sobrevoló durante 39 minutos una distancia de 933 kilómetros hasta caer al norte del Mar de Japón.
Si bien se trató, en realidad, de un misil de alcance medio, ya el atrevimiento del régimen norcoreano toca fibras que podrían llevar a una reacción más fuerte del gobierno estadounidense, que en manos del impulsivo Donald Trump no sabemos de qué dimensión pueda ser. De hecho China, que ha sido aliado histórico de los coreanos del norte, reaccionó esta vez con vehemencia frente a Kim Jong-Un, llamándolo a contener esta clase de acciones que ponen en vilo al mundo. A la voz de Xi Jinping se unió la de su homólogo ruso, Vladimir Putin, para invitar a dialogar y bajar las tensiones.
Es necesario recordar que durante varios años se le ha pedido a Corea del Norte cesar su proyecto nuclear, pero la respuesta que se ha obtenido es una serie de ensayos nucleares y la permanente amenaza de que busca dotarse con misiles ICBM (intercontinentales) para alcanzar el territorio estadounidense. El argumento para esta ofensiva es que Estados Unidos tiene 28 mil soldados desplegados en bases en Corea del Sur, que son considerados por ellos una amenaza. El hecho de que el misil haya sido lanzado el 4 de julio, justamente cuando los estadounidenses celebran su independencia, y una semana después de que Trump revisó con su homólogo surcoreano, Moon Jae-In, la amenaza del vecino del norte, es un mensaje directo y preocupante.
Desde el 2006, cuando el régimen de Pyongyang hizo su primer ensayo nuclear, han llovido las sanciones económicas y políticas contra los norcoreanos, surgidas desde el interior de las Naciones Unidas, sin que eso haya servido para frenar sus provocaciones. Por el contrario, su ofensiva ha sido creciente, y el más reciente ensayo bien podría haber llevado ojivas nucleares y alcanzar territorio de Alaska, lo que habría repercutido de manera más grave en la reacción estadounidense. Como sea, está abierta la posibilidad de que los Estados Unidos y Corea del Sur quieran mandar un mensaje más fuerte a Kim Jong-Un. Esperamos que surja una salida mejor.
Ahora bien, son Rusia y China los que pueden tener acceso para persuadir a los norcoreanos de no seguir con sus intimidaciones. Se espera que ellos, que además hacen parte del Consejo de Seguridad de la ONU, logren que Corea del Norte entre en razón y evite seguir avanzando hacia un conflicto que podría terminar muy mal para ellos y para el resto del mundo. Esperamos que, de la misma manera, Trump no pierda el control. Si lo pierde, podría terminar desencadenando un conflicto internacional de mayores proporciones.

Se avecina la Cumbre del G-20, en la que se espera que los líderes de los países más poderosos del planeta acuerden la mejor manera de hacerle frente a esta situación compleja, ya que un nuevo ensayo de misiles de los norcoreanos no sería tolerable. Por ahora tienen que endurecerse las sanciones desde las Naciones Unidas, y establecerse una ofensiva diplomática de mayor calado que lleve a los norcoreanos a aceptar la moratoria definitiva de sus planes nucleares que ponen en riesgo al mundo entero.