Pasar al contenido principal
Fecha Publicación - Hora

El mal estado de las vías y el bajo precio que pagan generalmente por los productos agrícolas los intermediarios, es la queja reiterada de los campesinos del país. LA PATRIA, en su sección de Campo del sábado, dio cuenta de qué tanto influye el flete que deben pagar los productores para transportar sus productos y se encontró con quejas de personas que insisten en que en muchos casos no se salvan ni los costos de producción. Esta es una constante desde hace años. Impide que el campo sea atractivo para la inversión o una opción de vida para muchos jóvenes que tendrían allí posibilidades. El trabajo es mucho y los resultados son muy inciertos aún. Hay que pensar en facilitar la sacada de la producción de sus zonas de cultivo.

Con los 209 mil millones de pesos que pretende invertir la Gobernación de Caldas a través del Plan Vial II busca mejorar la conexión en el departamento. Esto se complementa con el programa de placas huella, de muy buen recibo en zonas veredales. Los recursos provienen de lo que correspondió al Departamento por la venta de Isagén, sumados a los que llegan por proyectos de regalías y otros. Se impactará favorablemente en los municipios, a pesar del freno que tendrán algunos por cuenta de la no aprobación de sus propuestas presentadas a agencias del Gobierno Nacional. Como los nueve mil millones de pesos en que estaba esperanzado Pensilvania, de la Agencia Nacional para la Renovación del Territorio, con recursos de impuestos de empresas privadas, que debían ser avalados dentro del plan para las Zonas más Afectadas por el Conflicto Armado (Zomac).

Acercar con buenas vías a los campesinos es facilitar la sacada de sus productos, por eso también resulta clave que se apoyen proyectos como garruchas comunitarias, mercados campesinos, comercializadoras o cooperativas que les permitan desarrollar economías de escala para producir y para comercializar. Parte del problema que tienen para mejorar el precio, se da justamente por cuenta de la falta de proyectos colectivos, porque se desconfía de procesos conjuntos, por las malas experiencias del pasado y porque ha faltado institucionalidad que sume a esta causa y ayude con protocolos y con veeduría para facilitar logros.

Las cifras presentadas la semana pasada sobre pobreza mostraron cómo aún hay gran disparidad en el alcance de los objetivos para la calidad de vida entre quienes viven en centros urbanos y quienes habitan en el campo. Estos aún están lejos de llegar a niveles satisfactorios. Por ese motivo es que el campo debe ser una prioridad. Si logramos que este vuelva a ser fuente de riqueza para quienes lo habitan y lo cultivan, motivará a otros a insistir en él.

Las oportunidades están, pero si no se logran alcances mínimos como buenas vías, que se pueda producir para obtener precios justos, que haya servicios que hagan dudar a quienes piensen abandonar sus territorios rurales o motive a quienes piensen habitarlo, vamos a seguir teniendo un campesinado empobrecido. Por esto, es que insistimos ante el Gobierno Nacional para que apoye los proyectos del campo caldense. Esto empieza por facilitar que los programas de las Agencias del Estado lleguen también a nuestros territorios, que fueron igualmente afectados no solo por el abandono estatal, sino por la guerra.