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Dicen los docentes de los colegios públicos colombianos que hay cinco razones para irse a paro, como ocurre en estos momentos, y puede ser que haya reclamos justificados en su lista de peticiones, pero insistimos en que los paros aportan muy poco a las soluciones y sí mucho a golpear injustamente los intereses de los estudiantes, quienes ven interrumpidos sus procesos académicos y en casos como el del año pasado se ven obligados a recuperar el tiempo perdido yendo a las aulas los fines de semana y los días que en condiciones normales serían de vacaciones.

Los educadores aseguran que sus protestas son por falta de condiciones para llevar a cabo de manera acertada la Jornada Única, porque hay ascensos congelados, porque sus primas extralegales estarían en riesgo, por las deficiencias del servicio de salud y por la necesidad de elevar el presupuesto nacional para educación. Si bien los motivos de los reclamos pueden ser pertinentes, tales necesidades están contenidas en las discusiones que se llevan a cabo cada semana entre el Gobierno y los voceros de los educadores; es decir, no son temas que estén congelados.

El 16 de junio del año pasado, después de un cese de 37 días, los educadores sindicalizados en la Federación Colombiana de Trabajadores de la Educación (Fecode) firmaron con el Gobierno Nacional un documento de 24 puntos, con el propósito de mantener el diálogo permanente e ir evacuando cada asunto hasta completarlos todos, y de esa manera concretar compromisos que deriven en el bienestar de los educadores y en la calidad del sector oficial.

De acuerdo con el Ministerio, hasta ayer se tenían nueve compromisos terminados, otros nueve en etapas finales con muy poco por definir y solo quedan seis puntos en los cuales es necesario seguir trabajando a fondo, pero los acuerdos en esos puntos fueron pensados desde el comienzo a largo plazo. Así que este cese parece más un mecanismo de presión inadecuado, igual que el del pasado 21 de febrero, que solo genera un mal ambiente sin justificación alguna.

La realidad es que el actual Gobierno ha mostrado una preocupación real por darle a la educación la importancia que merece. No en vano hoy el presupuesto del sector es el más alto, por encima de los recursos destinados a defensa, el cual fue por muchos años el más alto en las finanzas públicas. Si en algún momento los docentes han tenido mayores garantías y tranquilidad salarial ha sido en la administración de Juan Manuel Santos, por lo que no puede afirmarse olímpicamente que la educación está al garete, hay una preocupación real, pero también hay que ser realistas en cuanto a que los cambios que se necesitan cuestan bastante y tales costos pueden asumirse solo de manera gradual.

 

Confiamos en que haya una reflexión alrededor de los objetivos de calidad educativa que deben ser puestos en primer plano, y para los cuales se necesitan profesores bien pagados y en buenas condiciones laborales, pero también flexibilidad para prestar un mejor servicio a los estudiantes, voluntad para capacitarse mejor y ofrecer conocimientos más profundos, dejarse evaluar para fortalecer los aspectos en los que haya debilidades y, sobre todo, no desperdiciar tiempo valioso, como el de las últimas 48 horas.