La cárcel se queda pequeña para la cantidad de delincuentes que tiene el país y por el número de conductas que son penalizadas en Colombia, cuando en otras sociedades se tratan de maneras diferentes. Esta idea de querer solucionar con la cárcel muchos problemas de nuestra sociedad ha provocado que vivamos en permanente crisis carcelaria, lo que a su vez obliga a tomar decisiones de emergencia que hacen imposible mantener coherencia en la política criminal del país. Un problema derivado hoy del hacinamiento en el que se vive en nuestras prisiones es que se padezca un brote de paperas en la Cárcel de Varones de Manizales, más conocida como La Blanca.
Esta enfermedad que ya atacó a 32 reclusos y a un guardián se suma a lo ocurrido meses atrás, cuando se padeció un brote de tuberculosis que afectó a 24 internos, uno de los cuales falleció. En ese entonces se debieron tomar medidas extremas de aislamiento y de atención a varios condenados. Ese contagio se consideró superado, pero ahora reaparece esta nueva enfermedad. En las condiciones indignas en las que se tiene a muchos de los penados en Colombia, nos vamos acostumbrando a que estos problemas de sanidad se presenten, cuando no deberían ser normales. El hecho de que sean personas que se encuentran tras las rejas por cometer delitos, no es razón para diezmar sus derechos mínimos. Por el contrario, una sociedad está más cerca de ser civilizada cuando trata de la mejor manera a quienes menos parecen merecerlo. Para no mencionar que sin condiciones mínimas de higiene, pensar en la resocialización de los internos es una utopía.
Según las estadísticas del Inpec, el hacinamiento en la cárcel de Manizales está en el 120 por ciento. Esto quiere decir que se tiene más del doble del cupo que debería recibirse allí, lo que favorece que se extiendan pronto enfermedades como las que han generado estas emergencias. Entre las medidas que se deben tomar para evitar que se siga expandiendo el contagio, se encuentra la prohibición de que entren a la cárcel menores de 10 años, mujeres en gestación, adultos mayores o personas con defensas bajas. Esto de alguna manera también afecta la vida de los internos, porque los priva de tener contacto con sus familias. Es lo que se debe hacer cuando se llega a ese momento extremo, pero es también lo que pudo ser evitado.
Lo peor, según advierte el propio secretario de Salud de Manizales, Héctor William Restrepo, es que en la cárcel se trabaja con las uñas en materia de prevención y de atención en salud. Dice que en muchas oportunidades no se cuenta con los insumos necesarios para brindar la atención oportuna. Apenas ahora, ante esta nueva epidemia, se habla de un proyecto concreto para arreglar el área de sanidad que, se dieron cuenta, necesita de una zona de aislamiento bien dotada. La Unidad de Servicios Penitenciarios y Carcelarios, que debe brindar la atención a los internos en las cárceles del país presenta incumplimientos en lo que está obligada. Por esto se requiere también la intervención del Ministerio de Salud y de la Superintendencia para que estos relajamientos de los que tienen la obligación no sean parte de los problemas que se presentan en la cárcel. Ojalá no se tengan que lamentar más problemas sanitarios y de salud o muertos, como ya sucedió.