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El Día Internacional de la no Violencia de Género, que se cumplió el sábado, sirve para llamar la atención sobre este tema que preocupa, sobre todo, porque las estadísticas demuestran que en lugar de mejorar se hacen más palpables y crecen las denuncias. Si bien muchos plantean que lo que sucede hoy es que se está exteriorizando más la situación que antes se callaba y se quedaba oculta en el hogar porque no era bien visto, también es cierto que estamos en un momento de la humanidad, al menos en esta parte del mundo, en donde estas situaciones deberían estar superadas, pues se trata de un país menos rural, más capacitado y con mujeres mucho más empoderadas de su rol.
No obstante, la reciente campaña que se regó por las redes sociales y otros espacios, después de conocerse de abusos sistemáticos de hombres que ejercieron el poder en Hollywood, por ejemplo, y que llevaron a decenas de mujeres hoy famosas, a contar que a ellas también les pasó, revela que la situación está mucho más extendida de lo que parece. Si bien se puede llegar a caer en draconianismos porque muchas muestras de afecto inocentes pueden terminar siendo interpretadas como acoso, es preferible que ellas estén en alerta y no que también se confíen y puedan terminar en las garras de un depredador sexual que busca imponer su poder.
Ya se conoce que esta forma de violencia ejercida por personajes en todos los ámbitos, desde el hogar, la academia, el mundo laboral, las Fuerzas Armadas y las guerrillas son reales y requieren de medidas drásticas. Se conoce que en el solo conflicto armado en Colombia por lo menos 800 mil mujeres han sido víctimas de violencia sexual y hay que conseguir justicia y verdad también en este aspecto que se necesita sanar.
Debemos superar el viejo cuento de que el hombre propone y la mujer dispone. Nada de eso, en escenarios de poder la sola propuesta es un abuso y por tanto debe ser denunciada. No se puede permitir la tolerancia frente a situaciones que hemos terminado normalizando, con el chiste flojo de un hombre y la carcajada, que en la víctima se traduce en una sonrisa nerviosa para no desentonar, pero que por dentro se está sintiendo terrible.
Una ciudad universitaria como Manizales también debe trabajar desde allí para rechazar estas manifestaciones y presentar sus protocolos para cómo actuar en casos de abuso de los profesores o los compañeros. Las cifras de abuso sexual universitario son tan aberrantes como todas las demás en Colombia y deberían llamarnos a generar verdaderos programas en pro de insistir en que no es normal y es abuso.

Todo esto empieza por entender que la igualdad de géneros es real y se debe trabajar para hacerla posible. No se puede permitir ningún tipo de violencia, ni física ni psicológica. La sociedad entera debe arropar a sus mujeres y darles la seguridad para denunciar a un hombre maltratador, porque si no lo hacemos no solo tendremos estadísticas de agresiones, de acoso sexual y de violencia, sino de feminicidios, que se dan por el hecho de que hay hombres que se consideran propietarios de la voluntad de las mujeres, y esa interpretación es hora de dejarla en la caverna.