La solidaridad de los caldenses no tiene límites. Una particularidad de nuestra sociedad es justamente la capacidad de sus ciudadanos de ponerse al servicio de los demás, tal como lo demostró en los días posteriores a la tragedia del 19 de abril, cuando sobraron manos para ayudar y alimentos y enseres para repartir entre los damnificados, después de la atención inicial de la emergencia que dejó 17 personas muertas y decenas de afectados.
Solidaridad es un rasgo característico de la caldensidad que mantiene presente, razón por la cual, el movimiento ciudadano Estoy con Manizales, lo destaca como un valor que debe seguirse promoviendo para una sociedad más justa e incluyente. Se parte del principio de que reconocer el sufrimiento y el dolor del otro nos invita como ciudadanos a formar parte de las soluciones y, si esto se logra, al final el resultado es el de construir una sociedad más incluyente y justa para todos.
El Premio Cívico que entregó en días pasados Manizales cómo Vamos, con el apoyo de otras organizaciones, reconoció en una categoría especial, Fuerza Manizales, a la Fundación de Paramédicos Búsqueda y Rescate, precisamente por la solidaridad que muestra habitualmente y que durante la tragedia invernal en la ciudad sobresalió, un ejemplo de las decenas de iniciativas que se apoderaron del espíritu de los caldenses por esos días, y que ya se había expresado desde un mes antes para acompañar a los sobrevivientes de Mocoa, en donde también el invierno causó estragos y dejó por lo menos 333 muertos y unos 70 desaparecidos, tras una creciente del río.
Es en esta época decembrina cuando más se hace notorio este rasgo de la solidaridad. Basta leer la cantidad de historias que tenemos hoy en LA PATRIA de personas que aprovechan este mes para llevar un poco de alegría, a través de compartir con niños, ancianos y comunidades vulnerables. Iniciativas que empiezan individuales y de pronto se van convirtiendo en colectivas, porque sobran las manos para ayudar.
A pesar de las campañas que se hacen y de la cantidad de personas que se suman a estas causas, qué bueno sería que pudiéramos traducir en algún momento esos gestos solidarios en un proceso mayor que permitiera caminar en la búsqueda de terminar con las injusticias sociales tan vivas en nuestro país y de las que nuestra región no es un oasis. Los indicadores de pobreza y de pobreza extrema se reducen a un ritmo muy lento. A falta de indicadores actualizados en el departamento, las cifras que se tienen dan cuenta de niveles de pobreza cercanos al 35% y de pobreza extrema del 12%, aproximadamente. Este último prácticamente no disminuye desde hace 10 años.
Ver cómo ciudadanos espontáneos van hasta lo más profundo de Caldas, como lo es la vereda Samaria, a unas cuatro horas de Arboleda (Caldas), en Pensilvania, para compartir con los campesinos de esta región, agobiados antes por la violencia. O cómo buscan esas zonas más pobres, como sectores del corregimiento de Arauca (Palestina) o barrios en donde ni siquiera se suplen las necesidades básicas, y para solo tener la satisfacción de dar, de compartir, es un gesto que bien vale la pena exaltar en estas festividades.