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Hasta mañana está previsto el desarrollo del XI Congreso del Consejo Regional Indígena de Caldas (Cridec) que se realiza desde el domingo pasado en Riosucio (Caldas), y al que asisten 17 gobernadores de resguardos y líderes de parcialidades de toda la región, para completar cerca de 800 miembros de esta etnia. El objetivo es discutir alrededor del futuro cultural, social, económico y político de esta población, con amplia presencia en el occidente de Caldas.

La autocrítica del congresista electo Feliciano Valencia, oriundo del departamento del Cauca, en el sentido de que los indígenas han perdido su contenido y solo se han quedado con su apariencia exterior debe llevar a los líderes de esos pueblos a reflexionar acerca de su responsabilidad para lograr que su cultura no se extinga, y que por el contrario, pueda ser protagonista positivo para el crecimiento y desarrollo del país.

Para evidenciar el compromiso del Gobierno Departamental en el apoyo de estas comunidades, en el evento han hecho presencia el gobernador, Guido Echeverri, y varios de sus secretarios de despacho, quienes toman nota de las distintas necesidades expresadas por los indígenas para buscar luego las soluciones. Eso es importante, pero más que eso lo fundamental es que los mismos pueblos indígenas tomen conciencia de lo que ellos mismos pueden hacer para construir mejores condiciones de vida y tener un futuro más próspero.

Desde la Gobernación, los 11 municipios en los que hay asentamientos indígenas en Caldas y desde instancias nacionales se requieren compromisos ambiciosos, pero realistas, que lleven a que estos pueblos salgan adelante. Sin embargo, hay que evitar roces innecesarios y hasta obstáculos que las mismas comunidades ponen ante las acciones del Estado en su favor. A veces, por temores infundados a que sus territorios no sean respetados, se impide que desde las administraciones se llegue con programas que persiguen contribuir a su desarrollo.

Desde luego que hay que evitar que se ejecute la minería ilegal, no solo en los resguardos, sino en cualquier lugar del país en el que se infrinja la ley o se contamine el ambiente. En eso el Estado tiene que ser más eficaz en la protección de los recursos naturales, y en judicializar a quienes trasgredan las normas y cometan delitos. Ahora bien, eso no quiere decir que si hay condiciones viables para extraer la riqueza del subsuelo, y se hace de manera legal y limpia tales actividades no puedan realizarse.

Es importante seguir fortaleciendo el mecanismo de la mesa de conversaciones y de concertación que los pueblos indígenas de Caldas tiene con la Gobernación, ya que el diálogo permanente es el mejor camino para lograr impactos positivos en estas comunidades. Hay asuntos en los que los acuerdos son más difíciles, y habrá casos en los que no será posible avanzar muy rápido, pero dejar que eventuales tensiones rompan las relaciones solo logra que todo se aplace o se estanque para perjuicio de los mismos indígenas.

 

Otro desafío que tienen los pueblos indígenas, no solo en Caldas, sino en todo Colombia, es ponerse de acuerdo ellos mismos en asuntos básicos, porque a veces las discrepancias internas hacen que las acciones del Estado se queden a mitad de camino, con el efecto evidente de que las soluciones a los principales problemas se aplacen y que el bienestar esperado no aparezca. Ojalá que mañana en las conclusiones del evento se tengan resultados muy satisfactorios para esta importante población caldense.