El caldense Humberto de la Calle Lombana es el candidato a la Presidencia por el Partido Liberal, luego de la desierta Consulta abierta que realizó esa organización el pasado domingo y que dejó por fuera al preferido de las maquinarias, el cucuteño exministro del Interior Juan Fernando Cristo. Desde un principio ha sido muy cuestionado este mecanismo de selección de aspirantes por costoso, y puede serlo si simplemente se hace una división de inversión frente al número de votos, lo que en un país abstencionista por excelencia resulta en cifras dramáticas, sobre todo en escenarios como este.
No obstante, es muy simplista reducir a costos y de esta manera la elección de un candidato de partido, porque aquí lo que está en juego es un proceso democrático. Nunca será bueno restringir las posibilidades que brinda la democracia, sino que, por el contrario, se deben incentivar. Qué bueno sería que la mayoría de los partidos escogieran así sus candidatos, de manera que permitieran la opinión de los electores. De esta manera se podrían hacer varias consultas el mismo día, con lo cual, la inversión sería mucho más rendidora no solo en cifras, sino en el proceso democrático, casi a manera de una primera vuelta en la que se midan fuerzas de partido, pero para eso habría que recuperar la majestad de los movimientos, que se ha perdido en el clientelismo, la burocracia y la corrupción en los contratos.
Los partidos en general le temen a este tipo de selección, pues siempre es más cómodo poder nombrar comités que a espaldas de las mayorías hagan y deshagan, o insistir en las desprestigiadas convenciones de Partido. Estas son muchas veces organizadas estratégicamente para imponer el candidato preferido por los dirigentes y bendecidos a través de una pantomima democrática, arropada de estruendosas toldas. La Consulta Popular, en cambio es un mecanismo que da sentido a una democracia como la nuestra, que se asume participativa.
Por estos motivos no debe asustar el costo de la elección, que bien puede pensarse en economizarse algunos gastos, como ya se hace con la restricción de puestos de votación, etc. Mejor sería también que los partidos estuvieran lo suficientemente organizados y carnetizaran a sus miembros, quienes deberían sentirse orgullosos de pertenecer a ellos, y no por obligación o compromisos burocráticos.
La entrada en forma de De la Calle al juego electoral permite tener claridad sobre una persona que logró negociar la paz con la guerrilla de las Farc y que conoce el proceso de cabo a rabo, quien sirvió como prenda de garantía para impedir que las desaforadas peticiones iniciales del grupo guerrillero se cumplieran. Siempre puso por encima la constitucionalidad y la legalidad, así como que fue el único que ante el descalabro del plebiscito salió a asumir responsabilidades y ofrecer su renuncia, algo poco usual en la política colombiana.
Además, el talante democrático y dialéctico de este caldense ojalá ayude a recuperar una campaña que empieza a ponerse casi rastrera y se vuelva a un debate de ideas y que sea sobre estas que gire la campaña. Esperemos ahora que los liberales de partido respeten la consulta y que, a pesar de ser derrotadas, sus maquinarias apoyen al candidato elegido, pues de lo contrario, sí habría sido un desperdicio la consulta.