Desde el pasado 30 de marzo el general retirado Óscar Naranjo Trujillo es el nuevo vicepresidente de la República, en remplazo de Germán Vargas Lleras quien será candidato a la Presidencia en el 2018. Naranjo hizo parte del equipo negociador del Gobierno Nacional con las Farc en los diálogos de La Habana (Cuba), y llega cubierto por una aureola de leal servicio al país y compromiso con los más altos intereses de Colombia. Cuando en la década pasada el deber era combatir con energía a la subversión lo hizo con valentía, pero cuando el escenario mostraba que era necesario avanzar hacia la paz negociada con la guerrilla también entregó su tiempo e inteligencia a buscar nuevas salidas.
Su discurso de posesión fue claro en que seguirá trabajando para que se deje atrás la violencia y se le apueste a un país con un futuro alejado de los odios. Hizo un llamado a los líderes de Colombia a "superar visiones apocalípticas que multiplican la desconfianza y convierten al miedo en instrumento de movilización política”, y también señaló la necesidad de avanzar en procesos de inclusión y tolerancia para poder lograr en el mediano plazo una reconciliación real y positiva entre todos los colombianos.
Precisamente ese será un reto fundamental para Naranjo: trabajar para que el tránsito del posconflicto ocurra con tranquilidad, evitando que los gérmenes del odio y la violencia vuelvan a tomar ventaja y llevarnos hacia nuevos conflictos indeseables. No será una tarea fácil en medio de un ambiente político enrarecido en el que se agudizan los rencores y se debate con mentiras y verdades a medias, haciéndole un flaco servicio al fortalecimiento de la democracia.
Sobre los hombros de Naranjo cae en estos momentos la obligación de velar porque la implementación de los acuerdos de paz se tramiten con eficiencia y guardando total fidelidad con lo pactado. En eso, cuando estamos ad portas del arranque de las campañas para Congreso de la República, existen grandes riesgos de que iniciativas vitales como la reforma política y electoral puedan enredarse. Se requerirá un gran liderazgo del vicepresidente para que la construcción futura de la paz quede sobre bases firmes.
De la misma manera, la amplia experiencia de Naranjo deberá servir para que los retos de la seguridad ciudadana sean superados, para que se avance con eficiencia en la lucha contra el narcotráfico, así como en la erradicación y sustitución de los cultivos ilícitos. También para que se le ponga freno al avance del crimen organizado y se les garantice protección a los líderes sociales y defensores de derechos humanos que, infortunadamente, vienen siendo amenazados y asesinados en diversas regiones de Colombia. Habrá que proteger, de igual forma, a los desmovilizados para que no se repita la triste historia de la Unión Patriótica.
Los cerca de 16 meses que podrá estar Naranjo en la Vicepresidencia serán de intenso trabajo en todas las materias anotadas, las cuales resultan estratégicas para la construcción de un país en paz. Así como deberá proteger a quienes están en proceso de reinserción a la sociedad y que buscarán defender sus ideas sin el uso de las armas, también tendrá Naranjo que perseguir sin pausa a todos aquellos que persistan en acciones que generen violencia y fomenten la criminalidad. Esperamos que dicha tarea se cumpla cabalmente y que al fin de su labor en la Vicepresidencia se le pueda hacer un nuevo reconocimiento por los servicios prestados a Colombia.