Hace ocho años, al comienzo de la primera administración del presidente Juan Manuel Santos, los cafeteros suscribieron con el Gobierno Nacional un Acuerdo por la Prosperidad Cafetera, con el que se buscó garantizar la sostenibilidad de los caficultores y sus familias. Pasados los años el panorama no es muy diferente al de aquella ocasión, en la que los bajos niveles de producción y el precio del grano por el suelo impactaron muy negativamente el ingreso de los cultivadores, pero también es verdad que durante este tiempo se destinaron recursos oficiales por cerca de $4 billones para el gremio, con lo que se evitó que ocurriera una debacle cafetera.
Esos recursos se convirtieron en subsidios para créditos blandos, programas sociales para las zonas cafeteras, compra de fertilizantes y renovación de cafetales. Es cierto que el Gobierno reaccionó entregando las ayudas luego de muchas protestas de los cultivadores que clamaban un salvavidas ante la crisis económica que amenazaba con llevarlos a la miseria, pero también es justo reconocer que se vio la mano del Ejecutivo con el Programa de Ingreso Cafetero (PIC) y la continuidad en la administración del contrato del Fondo Nacional del Café, razón por la cual los dirigentes del gremio le hicieron a Santos un reconocimiento el pasado miércoles en Chinchiná (Caldas), aunque algunos sectores cafeteros consideran que el Gobierno pudo ayudar más.
Lo cierto del caso es que las ayudas para la renovación del parque cafetero en 690 mil 283 hectáreas, se tradujeron en un alza en la producción que coincidió con un periodo de buenos precios que ayudaron a la recuperación, y que durante cuatro años consecutivos la producción se mantuvo por encima de los 14 millones de sacos, en contraste con los 7 millones de sacos del 2009. En los meses recientes, debido a la baja de las cotizaciones en la Bolsa de Nueva York y a la revaluación del peso frente al dólar, el gremio ha vuelto a sentir la emergencia de ayuda estatal para mantener viable la caficultura, ante lo cual el Gobierno se comprometió con entregar en próximas semanas $23 mil millones destinados a continuar con la renovación de unas 50 mil hectáreas.
Ante la necesidad de los cafeteros de obtener un apoyo que se refleje en el bienestar de las 550 mil familias que viven de ese cultivo en el país, el desafío será para el nuevo presidente, Iván Duque, quien se posesionará el próximo 7 de agosto, y de quien el gremio espera que se concreten las promesas de campaña en el sentido de apoyar en forma decidida a los cafeteros, para que no se vean de nuevo amenazados por la ruina. Hoy el 78% de los cultivos corresponden a variedades resistentes a la roya, la edad promedio de los cafetales es de 7 años (antes era de 11 años) y la productividad pasó de 11,4 a 18,8 sacos por hectárea. El propósito es llegar a 22 sacos por hectárea. Estas son cifras que no solo deben mantenerse, sino mejorarse en los próximos cuatro años.
Ahora bien, lo más importante es que el sector logre cada vez una mayor productividad y competitividad para poder enfrentar con éxito el mercado internacional. También hay que reflexionar acerca de la pertinencia de los todavía altos costos administrativos en los que se incurren en la Federación Nacional de Cafeteros, y el real impacto de su trabajo en la mejora del precio del café en el mercado, con retorno directo al caficultor. Su enfoque debe estar orientado a las posibilidades comerciales del grano y a las formas de imprimirle valor agregado al producto. La llamada contribución cafetera requiere ser analizada a fondo y observar con exactitud si les sirve o no a los campesinos para mejorar sus ingresos y su calidad de vida.