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En Caldas hemos evolucionado, sin duda, en equidad de la calidad educativa entre los colegios privados y públicos, y se ejecutan programas que persiguen cerrar la brecha entre ambos escenarios, que aún es ámplia. Sin embargo, las diferencias entre la educación que se imparte por el Estado en la ciudades y en las áreas rurales parece ir de mal en peor. Un ejemplo concreto de esa situación es que desde hace casi tres semanas cerca de 350 estudiantes de Salamina no han podido ir a clases porque el transporte hacia las escuelas y colegios rurales no tiene las pólizas necesarias para operar.

El problema no es exclusivo de este municipio del norte del departamento. En este momento hay 137 camperos y 13 buses escaleras de la Cooperativa de Transportes de Salamina (Cootransa) sin que puedan movilizar a casi 3 mil niños y jóvenes campesinos no solo de ese municipio sino también de Pácora, Aranzazu, Neira, Filadelfia y La Merced, además de transportar a otras personas que buscan desplazarse o sacar productos de sus fincas. Ni siquiera la presencia del viceministro del Transporte, Alejandro Maya, pudo esta semana destrabar la situación, y el conflicto entre las alcaldías y la empresa de transporte parece hacerse cada vez más complejo, resultando perjudicada una amplia comunidad.

Es lógico y necesario que las administraciones municipales y departamentales exijan pólizas muy amplias a los transportadores, ya que a ellos se les confían las vidas de los jóvenes estudiantes y no sería aceptable que el Estado los deje desprotegidos o con un aseguramiento que resulte insuficiente. De tal manera que si los vehículos de Cootransa se quedaron sin protección es muy pertinente que no sean usados para llevar estudiantes, y que solo en la medida en que la empresa se esfuerce en conseguir las pólizas que exige el contrato será posible usar sus servicios. Lo primordial tiene que ser la garantía de seguridad.

Si la empresa se presentó al concurso para acceder al contrato y lo ganó, para poder ejecutarlo tiene que cumplir con todos los requerimientos anotados. Si la aseguradora que traían hasta el pasado 31 de marzo no le quiso mantener la póliza, es necesario que busque en el mercado otra que cumpla con los requisitos. Si no lo hace puede terminar penalizada por el incumplimiento del contrato, además de todo lo que eso implica en perjuicio de los estudiantes y sus familias.

Es cierto que en el sector del transporte rural se han dado casos de siniestros en los que han muerto campesinos, e incluso estudiantes, y puede ser cierto que Cootransa no tenga estos percances desde hace un buen tiempo, pero la mejor manera de blindarse ante esos señalamientos es mantener los vehículos con las condiciones tecnicomecánicas óptimas, y con conductores de probada experiencia, ética y profesionalismo, que no incurran en sobrecupo, por ejemplo. Si existen esas garantías, sin duda, se podrá conseguir la compañía aseguradora que respalde la operación.

 

Es urgente que las partes involucradas hallen salidas rápidas a esta dificultad y que pronto los vehículos puedan rodar sin problemas, para que los alumnos rurales retornen a las aulas de clase. Estos son asuntos que al lado del restaurante y demás estímulos para niños y jóvenes campesinos nunca deben faltar en el sistema educativo. Por el contrario, debería existir una política más fuerte para que la educación de mejor calidad llegue al campo, con el propósito de vencer lo más pronto posible las diferencias odiosas e improductivas que se tienen en esta materia frente a la ciudad. Si con la empresa actual no se ven soluciones ágiles, las administraciones tendrán que pensar en cambiar al contratista.