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Desde hace 25 años se conmemora el Día Mundial de la Libertad de Prensa, luego de que las Naciones Unidas determinó que cada 3 de mayo se reflexione acerca de la realidad de los derechos a la información y a la libertad de expresión en el planeta. Esta vez la fecha llega marcada por 32 asesinatos de periodistas en lo que va del año, de los cuales 10 perdieron la vida el pasado lunes en Afganistán. El acumulado de los últimos 12 meses asciende a 88 casos, la mayor parte de ellos asesinados en momentos en que cubrían hechos o desarrollaban investigaciones que afectaban a poderosos. No obstante, según la Federación Internacional de Periodistas (FIP), en el 90% de los casos reina la impunidad.
Lo peor de todo es que, según análisis de Reporteros Sin Fronteras (RSF), hay un creciente odio al periodismo en el mundo, alentado por líderes internacionales como el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y otros gobernantes hostiles contra la prensa como el mandatario venezolano, Nicolás Maduro, por ejemplo. Esto ha llevado a que los periodistas sean blanco de permanentes agresiones en diversos puntos del planeta, sin que los gobiernos brinden las condiciones mínimas de protección y garantías de seguridad para el desarrollo de su ejercicio profesional.
Ahora bien, en este marco de realidades, es destacable que la Unión Europea haya pedido en las últimas horas una mejora global de la seguridad de los periodistas, sobre todo si son mujeres, tomando en cuenta que los ataques a la prensa son atentados contra la democracia y la libertad de todos. La Unesco también promueve que este día refuerce el objetivo de "mantener el poder bajo control". Lo que pasa es que para muchos poderosos corruptos resulta incómodo que los periodistas actúen bajo principios de libertad y pluralismo, y hacen uso de la intimidación para tratar de acallar verdades.
Hay otros factores de poder que atentan contra la libertad de expresión y el derecho a estar informados, y que corresponden a organizaciones criminales que ven en los periodistas grandes enemigos. En tal descripción caben bandas como la de alias Guacho en la frontera colombo-ecuatoriana, responsable del secuestro y posterior homicidio de tres periodistas del diario El Comercio, de Quito, cuyos cadáveres todavía no son entregados por sus asesinos a los familiares. Casos como estos, que tocan de manera directa al periodismo de la región, evidencian los enormes riesgos que afrontan cada día los comunicadores.
No obstante, no solo la agresión física directa atenta contra la libre expresión y el derecho a estar bien informados, sino que al entrar en boga otros conceptos como el derecho al olvido, aparecen toda clase de ataques desde lo jurídico que tratan de borrar fragmentos de realidad. Es pertinente interpretar que falsas informaciones, con tanta fuerza hoy sobre todo en redes sociales, puedan ser erradicadas de internet, más aún cuando se afectan derechos al buen nombre o a la intimidad, pero es equivocado que personajes públicos que hayan sido castigados por el sistema judicial pretendan que sus oscuros pasados sean borrados, como si nunca hubieran cometido actos indebidos. Eso sería falsear la historia, y con ello se estaría imponiendo un interés particular sobre el derecho general de los ciudadanos de conocer el pasado tal y como ocurrió y no como el resultado de artificios de maquillaje.

El papel crítico de los medios y el patrimonio de memoria que representan debe ser considerado un valor supremo de la democracia, al cual habría que defender en todas las formas. La conmemoración de hoy no solo compete a los periodistas y los medios de comunicación, sino a toda la sociedad, ya que en la medida en que se tenga diversidad de voces y la posibilidad de tener todos los elementos de juicio en la opinión pública, es posible construir en conjunto una sociedad mejor.