El referendo del pasado domingo en Ecuador dejó un sabor a victoria contundente para el presidente de ese país, Lenín Moreno, quien venía siendo fustigado en sus decisiones por el exmandatario Rafael Correa, el mismo que lo escogió para ser su sucesor. Desde su llegada a Carondelet, el mandatario ecuatoriano ha mostrado su independencia de quien fue su mentor y ha devuelto la tranquilidad a la democracia con un tono más pausado, más dialéctico y que ha abierto las puertas a los ciudadanos que habían sido no solo señalados, sino fustigados por el poder: la oposición política, la prensa, ciertos sectores académicos, entre otros.
De acuerdo con el resultado, Rafael Correa, que gobernó por 10 años, ni otro presidente podrá aspirar a hacerse reelegir por más de una vez. Es decir que se le cierra la puerta de una vez por todas, pero esto tampoco quiere decir que no tenga capacidad para continuar liderando al grupo político y seguramente su espíritu combativo, demostrado una y otra vez durante tantos años. Seguirá intentando que se preserve el legado que dejó, así hoy muchos duden de este, sobre todo en cuanto a la violación de las garantías democráticas.
Este referendo, además, tenía colgadas preguntas en diversos temas y todas fueron respondidas con un sí, lo que le da un nuevo aire político a Moreno, no solo contra Correa, sino para impulsar su propia plataforma de Gobierno. Esto le permitirá enfocarse en esos temas clave, que van desde la política anticorrupción hasta claridad sobre impedir toda clase de minería metálica en áreas protegidas, zonas intangibles y centros urbanos, así como asuntos de política criminal como la no prescripción de delitos contra los niños. Toda una plataforma de Gobierno sobre la que puede desarrollar su legado y en la que prometió desde la noche del domingo encaminar todos los esfuerzos para cumplir el mandato popular lo más pronto.
Si algo tiene la democracia participativa, la cual se manifiesta a través de acciones como el referendo -que incluía cinco preguntas- y la consulta popular -de dos- del domingo en Ecuador, es la capacidad para legitimar las acciones de un Gobierno, y esto fue lo que sucedió en la elección, pues llena de legitimidad a Lenín Moreno, que había llegado precedido de la posibilidad de ser el títere de Correa, pero que ha logrado reafirmar una y otra vez, que está por encima del correismo, al punto que modificará, gracias a los resultados, anteriores bastiones de esa agrupación como los el Consejo de Participación Ciudadana y Control Social.
Ecuador, como la mayoría de países latinoamericanos, pasa por un momento de relativa precariedad económica, por la caída de los precios del petróleo, su principal renglón de exportación, además de la apreciación del dólar, moneda nacional, y ante el terremoto del 2016, que llevaron a una caída de las finanzas. Esta realidad seguramente hará difícil tomar algunas decisiones, sobre todo la que implica la restricción a la minería y la reducción del área de explotación petrolera en el Parque Nacional Yasuní en dos terceras partes. No obstante, con este triunfo político en mano, Moreno tiene un nuevo aire, que puede definir el futuro de su Gobierno y el de la oposición que lidera su antiguo socio. Ya veremos cómo se desarrollan los acontecimientos.