El pasado lunes, casi de manera unánime (solo 2 de 19 concejales votaron negativamente), el Concejo de Manizales aprobó el nuevo Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de la ciudad, con lo que únicamente falta la sanción del alcalde Octavio Cardona León para que se convierta en norma hasta el 2031. Antes de llegar a esta importante determinación se tuvieron escenarios de socialización con la comunidad, lo que permitió que algunos de esos aportes ciudadanos fueran analizados e incluidos en el documento que terminó aprobado.
Ya era hora de cambiar esta herramienta vital de planificación, ya que desde hacía cerca de 16 años se venía trabajando con un POT desactualizado, y administraciones anteriores habían evadido la responsabilidad de ponerlo al día. Un asunto que generó polémica por los alcances que puede llegar a tener, y que fue defendido férreamente por la Administración Municipal como una nueva fuente de recursos para el desarrollo, es la aplicación de la plusvalía. Si se hace un manejo sensato y responsable de este instrumento podrá servir mucho para impulsar el desarrollo en la capital caldense con criterios de equidad.
También se tomaron decisiones muy complejas alrededor de las zonas de expansión de Manizales, quedando aprobadas solo 3 de las 8 que fueron puestas en consideración por la Alcaldía. Esto hará que se tenga que profundizar en el concepto de redensificar, lo que va a encarecer aún más la tierra para ejecutar nuevos proyectos urbanísticos. Al sobrevivir solo áreas tan alejadas como El Rosario y Kilómetro 41, que van a demorar mucho en poderse desarrollar, la ciudad queda prácticamente estrangulada en sus posibilidades de expandirse. Cerca del perímetro urbano solo quedó el área de La Palma. Zonas como Morrogacho y La Alhambra, por lo menos, merecieron mejor suerte.
Un paso importante fue haber derogado las llamadas Piezas Intermedia de Planificación (PIP), que surgieron a finales de la década pasada con la buena intención de ordenar más el crecimiento urbano, pero que en realidad se convirtieron en obstáculos significativos para el desarrollo constructor. Esperamos que se empiece a aprovechar el nuevo panorama normativo para que ningún sector se quede rezagado en su crecimiento por razones artificiales. De igual forma, es importante que se le haya dado claridad al confuso tema de las escalas externas en numerosas viviendas de varios sectores de la ciudad, que de no reglamentarse seguiría siendo fuente de desorden urbano y de conflictos de la comunidad con el Municipio.
Es bueno para Manizales que se haya usado una metodología especial del Ideam, que se basa en principios de biodiversidad y de servicios ecosistémicos, para establecer la estructura ecológica principal del Municipio, lo cual va en la dirección de tener más y mejores espacios para los ciudadanos, más parques y zonas verdes y unas áreas de protección y conservación que apunten a tener un entorno natural que se traduzca en calidad de vida. El sueño de convertir a Manizales en una ciudad-parque tiene en este enfoque una herramienta poderosa, que puede ayudarnos a tener una relación cada vez más armoniosa entre naturaleza y desarrollo urbano, como debe ser.
La responsabilidad ciudadana ahora es hacer seguimiento a la aplicación de esta norma y velar porque sea respetada y acatada, y trabajar para que sea una verdadera dinamizadora del crecimiento ordenado de Manizales. Durante muchos años se generaron expectativas acerca de los cambios que se introducirían, pero siempre terminaban a mitad de camino. Desde luego que hay puntos en los que hubiéramos preferido unas decisiones que ayudaran a tener un desarrollo y crecimiento más rápido de la ciudad, y será conveniente que se haga un monitoreo de los efectos de la norma, para ver si es necesario hacer modificaciones más adelante que ayuden a Manizales a ser cada vez una mejor ciudad.