"Libertad y orden" reza en el escudo de Colombia como un mandato, pero sabemos que la libertad se torna difícil de disfrutar si se carece de las mínimas garantías constitucionales para ejercer los derechos. Y el orden, clave para gozar de esa libertad, es ineficaz por razones culturales, sociales y de derecho, que se traducen en apatía de los ciudadanos para seguir los mínimos acuerdos para vivir como una sociedad y por la falta de un Estado suficientemente empoderado y capaz de sancionar a quien no cumpla. Esa es la razón por la que el Código de Policía, que durante años fue una norma ineficaz y desconocida, genere tanto debate el haber puesto en práctica el nuevo, actualizado en las sanciones y con dientes para las autoridades poder actuar.
En un país acostumbrado a una Policía de alguna manera militarizada, por cuenta de las altas exigencias que impuso la guerra al Estado, el agente es visto no como un medio que garantiza el orden social, como el persuasor que debe ser para que los ciudadanos nos abstengamos de infringir la ley, sino que en quienes portan el uniforme muchos ven a una figura despótica que quiere imponerse por la fuerza y nada más. Sin embargo, el Código lo que busca es reglamentar las conductas que pueden generar problemas entre los ciudadanos, pero su aplicación no es solo cosa de la Policía, sino de todos.
En Colombia está extendida la conducta de consumir bebidas alcohólicas o sustancias psicoactivas en espacios públicos, razón por la cual el mayor número de sancionados durante el primer año de vigencia del Código fue por estas circunstancias, a la que se sumó el porte de estas sustancias en el espacio público, que ocupa el cuarto lugar con 361. Solo en Manizales la infracción a esta prohibición llegó a 1.439, seguido del porte de armas blancas que provocó el levantamiento de 1.417 multas. Las riñas siguen siendo un problema serio en nuestra sociedad y por eso aparecen en el tercer lugar entre los sancionados de esta capital, con 489 ocurrencias.
En el quinto lugar, en Manizales, se encuentra el irrespeto a la autoridad de Policía. En 199 ocasiones se presentó esta situación que terminó en sanciones, lo que demuestra que se mantiene la desconfianza sobre esta institución. Por ese motivo, resulta interesante ver cómo la ciudadanía rechazó los atentados ocurridos contra miembros de este organismo y cometidos por el Eln. Es una oportunidad para que la Policía entienda que necesita ganarse la confianza y esto se logra con hechos, con resultados, con gestos positivos hacia la comunidad. No solo con la mirada policiva del Código, sino con la de la convivencia y la prevención, puntos fundamentales para una mejor sociedad.
El Código de Policía aún está pendiente de decisiones de la Corte Constitucional por demandas de artículos específicos que consideran algunos violatorios de la Carta, mientras que otras normas no han logrado el desarrollo necesario en decretos para regular los procedimientos. Por este motivo, es importante que el Ministerio de Interior haga seguimiento al Código para poner al día las normas que aún no se desarrollan y no pase como con tantas otras normas en el país, que nunca logran un desarrollo óptimo. La civilidad no es tan difícil y nos ayuda a convivir de mejor manera en una sociedad que necesita de forma urgente caminar hacia la modernidad. Para esto es necesario tener orden y con este alcanzar la libertad.