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La semana pasada se llevó a cabo en un ecohotel limítrofe entre Belén de Umbría (Risaralda) y Anserma (Caldas) el Primer encuentro regional del centro occidente colombiano, con la participación de los tres gobernadores del Eje Cafetero, los diputados de Quindío, Risaralda y Caldas, y un amplio grupo de dirigentes de toda la región. Además de enterar al Gobierno Nacional de los problemas comunes y plantear posibles soluciones, estos líderes del Eje también mostraron su interés de unir fuerzas para sacar adelante proyectos que independientemente no han podido surgir.
De hecho, hablaron del Paisaje Cultural Cafetero, de medio ambiente, vías, café y posconflicto, y en tales conversaciones también participaron voceros del Tolima y del Valle del Cauca, departamentos que indudablemente tienen una relación directa con el Eje Cafetero y que comparten proyectos que los benefician a todos. La idea era hallar puntos comunes y exponerlos ante delegados del Gobierno Nacional, actuar por fin como una sola región y buscar que de esa manera se agilicen los proyectos y programas de desarrollo en esta importante zona del país.
Fue un buen ejercicio que apunta a conformar una Región Administrativa de Planificación (RAP), como ya funcionan en la Costa Atlántica y entre Cundinamarca y Boyacá. Ya existe un claro portafolio de ideas que contienen asuntos de infraestructura, de educación y de impulso al turismo, principalmente, con un fuerte impacto regional. Se generó tanto optimismo con lo tratado en la reunión, que hay quienes piensan que se debería avanzar en que este esquema se extienda a toda la cuenca del Pacífico, de tal manera que se les dé un nuevo empujón a obras como la vía al mar y el Puerto de Tribugá.
Razón tiene el gobernador de Risaralda al afirmar que las realidades de hace 50 años llevaron a que se diera la creación de los departamentos de Risaralda y Quindío, pero también es verdad que las dinámicas de los tiempos cambian, que las circunstancias históricas se transforman y que ahora la necesidad es la de unir esfuerzos, fortalecer los lazos de integración, volver a pensar esta zona de Colombia como un todo y trabajar unidos para convertir en realidad sueños compartidos que podrían tener impactos muy favorables de cara al futuro.
De la misma manera, tomando en cuenta que esta región también sufrió los rigores de la guerra, es fundamental trabajar en bloque para acceder a los cuantiosos recursos que tendrán que invertirse en los programas del posconflicto. Hasta el momento nuestra región se ha visto apartada de las políticas del Gobierno Nacional en ese aspecto, pese a que tenemos municipios como Quinchía (Risaralda) y Samaná y Riosucio (Caldas), por ejemplo, que deberían tener un tratamiento preferencial en esta materia. 
Es importante destacar que desde antes de posesionarse los actuales mandatarios departamentales (incluido Guido Echeverri, en el caso de Caldas) se pusieron en la tarea de unir fuerzas para avanzar hacia una mayor integración. Una primera lucha fue por los Juegos Nacionales del 2019, y si bien el resultado no fue positivo, por primera vez en mucho tiempo se les vio trabajando en equipo. Es clave tomar en cuenta que conformamos una zona geográfica con una identidad histórica y cultural que debe servir de motor para apalancar el desarrollo, y en lo cual es fundamental evitar los protagonismos o proclamar centralidades que harían mucho daño. 

Lo cierto es que la Ley 1454 de 2011, de Ordenamiento Territorial, brinda muchas posibilidades de conformar modelos territoriales de asociación, en los que los anhelos regionales pueden encontrar múltiples beneficios. Por eso, en todas las acciones hay que esforzarse para remar hacia el mismo objetivo, en lugar de plantear situaciones que pretendan generar divisiones. Hay asuntos relacionados con la movilidad regional, con la seguridad y con los recursos naturales que también esperan la posibilidad de juntar fuerzas pensando en un claro porvenir del occidente colombiano.