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Desde que salieron a la luz pública los primeros documentos revelados por Wikileaks en el 2010 acerca de cómo los organismos de inteligencia de los Estados Unidos chuzaban diplomáticos y líderes del mundo, entre ellos aliados tradicionales de países europeos, como Alemania, el mundo se sorprendió de la manera en que se daba una penetración en las vidas y las comunicaciones de personajes de cierto relieve internacional. Lo que trascendió esta semana, con una nueva filtración de 8.761 documentos clasificados es la misma personificación de la metáfora tecnológica del Gran Hermano. Realmente para preocuparse.
El asunto es tan delicado que las relaciones de China y Estados Unidos están en un momento tirante que requiere mucha prudencia, materia prima escasa por esta época en la Casa Blanca. De hecho, ya el gobierno chino le pidió al país norteamericano que cese sus "ciberataques", que estaría haciendo la Central de Inteligencia Americana (CIA) a través del pirateo de dispositivos electrónicos en todo el mundo, como celulares, computadores, televisores y hasta automóviles conectados a internet. Para ello la agencia de inteligencia habría elaborado por lo menos mil programas maliciosos como virus, caballos de troya y otras armas informáticas para espiar a sus usuarios.
Lo más sorprendente es que, de acuerdo con Wikileaks, los aparatos iPhones (Apple), los sistemas de Android (Google), Microsoft o incluso televisores Samsung estarían funcionando como micrófonos en muchos casos. Eso lo estaría logrando la CIA gracias al pirateo de smartphones y demás equipos que podrían ayudar a vulnerar los sistemas de encriptación de aplicaciones como WhatsApp, Signal, Telegram, Weibo e incluso Confide. Como una forma de confirmar las denuncias, el propio Buró Federal de Investigación (FBI), admite que en Estados Unidos no existe "la privacidad absoluta", porque "no hay nada que esté fuera del alcance judicial".
Es evidente que la forma de actuar de Julian Assange, fundador de Wikileaks y asilado desde el 2012 en la embajada de Ecuador en Londres, no es la más ortodoxa, pero también es cierto que ha sido gracias a tales revelaciones que el mundo viene conociendo los alcances desmedidos de agencias de inteligencia como la CIA. Ahora bien, con sus acciones el propio Assange demuestra la vulnerabilidad de ese organismo norteamericano, que muchos consideraban impenetrable hasta hace poco, y que ahora queda al descubierto. Al parecer, todos estos programas maliciosos estuvieron circulando entre hackers de todo el mundo desde finales del año pasado.
Bien hace el hacker al no publicar toda la información que conoce y mejor entregarla a las empresas tecnológicas afectadas, para que puedan corregir los problemas y evitar que se sigan usando armas cibernéticas para espiar a través de sus aparatos. Esas mismas empresas deben hacer ahora todos los esfuerzos necesarios para evitar que se sigan usando para entrometerse en las vidas de sus portadores. La seguridad y privacidad de los consumidores tiene que ser prioridad.

Lo más llamativo es que estas revelaciones coinciden con el escándalo de espionaje ruso que habría afectado a la candidata demócrata, Hillary Clinton, en las elecciones del año pasado, y del que el actual presidente Donald Trump habría sacado partido. También es inquietante que desde la agencia de inteligencia se siga afirmando que se continuará recolectando en el extranjero toda la información que sea necesaria para proteger a los Estados Unidos "de terroristas, de naciones hostiles y otros adversarios", para lo cual por lo visto no hay límites. Eso está bien que se haga, siempre y cuando los blancos del espionaje sean en realidad sospechosos de crímenes, y no todo el mundo de manera indiscriminada.