En dirección contraria a lo ocurrido hace 50 años, cuando diferencias políticas absurdas terminaron por desarticular al llamado Viejo Caldas, esta vez lo que se conoce hoy como Eje Cafetero comienza a sumar fuerzas para tener un peso específico mayor como región ante el resto del país y el mundo. De la mano del liderazgo de los tres gobernadores de la región, conformada por Risaralda, Quindío y Caldas, se empiezan a juntar esfuerzos para actuar de manera estratégica y recuperar el tiempo perdido en proyectos aislados y egoístas que llevaron a esta zona del país a perder participación en el Producto Interno Bruto (PIB) nacional, el cual pasó del 5% en la década de los 60 del siglo pasado al 3,8% hoy.
El pasado miércoles, la Comisión de Ordenamiento Territorial del Senado de la República determinó aprobar la Región Administrativa de Planificación (RAP) del Eje Cafetero, que confeccionaron con gran disciplina los gobernadores Sigifredo Salazar (Risaralda), Carlos Eduardo Osorio (Quindío) y Guido Echeverri (Caldas), quienes lograron volver concreto un mecanismo que reconoce la fuerza del origen, la geografía, la cultura, la historia, la tradición y la economía, que necesariamente se complementan y son potencial de nuevas proyecciones positivas de una región que tiene muchos argumentos para construir un porvenir próspero para sus cerca de 2,5 millones de habitantes.
Si bien este paso es producto del empeño de los tres mandatarios, quienes sin reparos en afinidades políticas, se dedicaron a pensar lo que es positivo para los tres departamentos, constituye apenas el comienzo de un camino en el que se requerirá mantener actitudes muy equilibradas y sensatas a la hora de discutir iniciativas que prioricen el beneficio real de la región. Hay que fijar reglas de juego claras que puedan ser usadas por los próximos gobernantes y que la RAP no pierda el dinamismo que le quieren imprimir los actuales mandatarios.
El objetivo primordial es avanzar en el fortalecimiento de la competitividad regional, partiendo de las vocaciones y potencialidades propias de cada municipio. En este orden de ideas, y ante las discusiones que se han dado en Caldas con relación a la región Centro Sur y la posibilidad de conformar un área metropolitana, es fundamental concretar esa idea y entablar dinámicas que conduzcan a sinergias con la ya conformada Área Metropolitana de Pereira, de la que también hacen parte La Virginia y Dosquebradas (Risaralda).
Las siete estrategias planteadas como puntas de lanza de esta integración regional son un esfuerzo inicial que dan un impulso de arranque. En esto se trata de sumar, no de restar. Tales enfoques estratégicos tienen que ver con lo ambiental, la infraestructura, la seguridad y convivencia, la agroindustria, el Paisaje Cultural Cafetero, la innovación y competitividad y el ordenamiento y prospectiva territorial. Pensar en un Sistema Estratégico de Transporte del Eje es algo clave como un hecho real que haga palpables los logros de esta unión de fuerzas. Un paso en ese sentido se sentiría en el bolsillo de los ciudadanos.
La naciente RAP del Eje Cafetero, que se protocolizará el 21 de junio, debe también establecer diálogos permanentes con las otras entidades del mismo tipo ya creadas, como la del Pacífico, de la Costa Caribe que incluye a Antioquia, y del Centro con su núcleo en Bogotá. Con ellas, y aprovechando nuestra ubicación, es fundamental impulsar proyectos que la involucren y que impacten de manera positiva a esta región. Esta es una estrategia de largo aliento, que nos hará más fuertes y determinantes para el futuro de Colombia.