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El primer tiempo de Guido Echeverri Piedrahíta como gobernador de Caldas, en su versión 2016, siempre tuvo sobre sus hombros el peso de la demanda por posible inhabilidad. A pesar de que logró sacar adelante el Plan de Desarrollo y otros proyectos de importancia regional, no dejaba de ser una molestia permanente pensar que en cualquier momento podía darse su salida, como efectivamente aconteció, ahora por fortuna de manera temporal. La suspensión provisional de un funcionario, mientras se discute en profundidad si está incurso en un impedimento para ocupar el cargo de elección popular, generalmente es tan solo el retiro anticipado de una decisión definitiva que lo aleja del puesto.
Por eso no se pueden estar tomando estas determinaciones transitorias de manera tan radical, como la de la Sección Quinta del Consejo de Estado, al admitir el conocimiento de la demanda. Dejó al departamento 10 meses sin su titular, a pesar de que había tantos motivos para pensar que podía estar inhabilitado como para pensar que no. La discusión jurídica no era pacífica, y precisamente esa duda era la que debía primar para que el gobernador se quedara en su puesto esperando el fallo definitivo. Por fortuna, hubo sabiduría en la selección del encargado y Ricardo Gómez Giraldo lo supo hacer con lujo, pero con las limitantes obvias de cualquier interinidad, algo poco conveniente para una Administración.
En los dos años y medio que le restan de mandato a Echeverri Piedrahíta deberá ser fiel al respaldo que recibió durante este tiempo de ausencia, de un departamento que lo rodeó y siempre esperó que regresara. Esa confianza, un caudal político como pocos lo han tenido, deberá marcar su gestión y su compromiso para hacer las cosas de la mejor manera. Buena parte de sus logros ante la opinión pública las debe a ser un conocedor de lo público, a que en época de liderazgos viscerales es un hombre en el que prima la razón y el diálogo y seguramente esto se traducirá en las realizaciones.
Caldas tiene muchos retos por delante. Los municipios se han empobrecido, las vías siguen siendo caminos con dificultades, peor después del duro invierno que acaba de pasar. Se espera que el mandatario sepa ayudar a los alcaldes a gestionar los recursos necesarios para llevar desarrollo a los habitantes de sus comarcas. Las dificultades económicas son generalizadas, vienen desde el Gobierno Nacional, se trasladan a lo territorial, sobre todo con departamentos que han perdido su razón de ser en esa incertidumbre en la que quedaron con la Constitución del 91, pero un constitucionalista como Echeverri es el indicado para precisamente devolverle la majestad a la Gobernación y hacer de este ente el verdadero articulador de los municipios entre sí y con el poder nacional.

Confiamos en que estos dos años y medio que restan de mandato, en los que se enfrentará a épocas electorales que restringirán las posibilidades contractuales, sean suficientes para cumplir con el Plan de Desarrollo. La transparencia en sus decisiones será clave para devolverle la confianza a lo público, en tiempos en que los escándalos de corrupción han llevado a los ciudadanos a aumentar su desconfianza en lo público. Tiene todo para hacer una gran labor. Esperamos que así sea.