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“Manchester, no tengamos miedo” fue el mensaje del concierto que ofrecieron el domingo varias estrellas del pop, al lado de Ariana Grande, en esa ciudad británica que el pasado 23 de mayo sufrió un atentado en el que murieron 22 personas. Un día antes del concierto Londres fue víctima de un nuevo ataque de extremistas del Estado Islámico (EI), que dejó siete muertos y 48 heridos, con lo que se sigue demostrando la vulnerabilidad en la que se encuentra Occidente frente al odio que despliegan los terroristas del yihadismo y que cada vez parecen estar más dispuestos a generar pánico sobre todo en Europa, donde la balanza entre la seguridad nacional y el respeto a la diversidad religiosa sufre hoy fuertes fracturas.
Pese a que los terroristas se suicidan o son abatidos por las autoridades, siguen apareciendo miembros de ese grupo dispuestos a generar terror. Eso explica que, de manera cobarde, tres extremistas atropellaran de manera indiscriminada a quienes caminaban el sábado en la noche por el Puente de Londres para luego apuñalar a transeúntes que hallaron a su paso por el mercado de Borough. Esta es una total locura que hoy parece incontrolable y que para perjuicio del pueblo árabe pacífico termina afectándolo en forma grave, pues los llamados a la mano dura en materia migratoria y el sentimiento de islamofobia crece como espuma, haciendo que cualquier persona proveniente de esa zona del mundo sea vista con sospecha.
Así que gracias a las acciones demenciales de los miembros del EI se le da combustible a los nacionalismos, a la xenofobia y a las posiciones más radicales que claman por reacciones igualmente violentas para enfrentar el terrorismo. Y, como hay un vacío de liderazgo en Occidente para tener un mensaje común de rechazo y acciones directas en contra de los extremistas, los principios de respeto a las diversidades étnicas, culturales y religiosas, y la protección de los derechos humanos también se ponen en riesgo. Lo peor es que gran parte de los terroristas son de procedencia europea, lo que hace aún más compleja la acción de las autoridades para contener sus incursiones desmedidas.
Ante estas acciones mortíferas y la permanente amenaza de seguir atentando contra inocentes, la actitud tiene que ser una combinación de mayores medidas de control desde los gobiernos y una determinación de los ciudadanos de no dejarse intimidar por los violentos. Lo que la humanidad no puede hacer es permitir la derrota y caer en los miedos que los terroristas quieren sembrar en el mundo. También hay que hacer todos los esfuerzos para que sin dejarse llevar de una mano dura discriminatoria sí haya una posición más consistente y unificada para hacerle frente al terrorismo.
Ahora bien, la confusión es tal que entre los mismo pueblos árabes hay señalamientos directos acerca del patrocinio que se estaría haciendo de grupos extremistas desde algunos gobiernos. Eso fue lo que llevó a Egipto, Arabia Saudí, Baréin y Emiratos Árabes Unidos a romper relaciones diplomáticas con Catar. Para tratar de hallar una salida dialogada a este nuevo conflicto, surgen llamados desde Irán y Turquía, países que comparten relaciones con todos los países de la región, para que la situación pueda ser superada sin llegar a determinaciones radicales.

El mundo ha visto cómo desde el 2011 se ha venido agudizando el terrorismo yihadista que es, hoy por hoy, la peor amenaza que sufre la humanidad. Parecemos incapaces de hacer seguimiento preventivo de cada individuo sospechoso de llegar a conductas extremas, aunque las autoridades aseguran que se han anticipado en muchos casos, lo que ha permitido evitar muertes. Se requiere un trabajo más agudo, inclusive desde internet, que es donde los líderes del yihadismo expanden su ola de odio hacia Occidente.