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Los avances que se han logrado en los años recientes en materia de generación de empleo y en su formalización caminan hoy por la cuerda floja, debido a factores macroeconómicos y al crecimiento limitado de la economía colombiana. Cualquier decisión equivocada podría llevar a que se pierda todo lo que se ha ganado en esta materia en la década reciente y que el crecimiento económico encuentre un nuevo bache en el camino. El pesimismo en el que ha entrado el país es un factor a tener en cuenta como prioridad.
Actualmente cursa en el Congreso de la República el proyecto de ley 172 del 2015 con el que se pretende revivir el recargo nocturno desde las 6:00 p.m., lo que incrementaría aún más los costos laborales y llevaría a que muchas empresas sufrieran un nuevo apretón en sus finanzas, afectadas ya por las elevadas cargas impositivas y los parafiscales. Los costos laborales en Colombia están entre los más altos de América Latina, de acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Por diferentes factores, como la caída de los precios del petróleo desde mediados del 2014, el ritmo de crecimiento económico se ha desacelerado, y la posibilidad de que suban los costos laborales crea un escenario muy riesgoso para la estabilidad del empleo. Debemos recordar que desde el 2002, con la Ley 789, la jornada diurna se extendió hasta las 10:00 p.m. y eso ayudó bastante a la reducción del desempleo y a la lucha contra la informalidad. El sector de comercio ganó más fuerza con esa ley y se generó un gran número de puestos de trabajo, además de brindar un mejor servicio para los compradores. Por el contrario, es por el camino de la flexibilidad laboral por donde se puede consolidar el deseo del Gobierno Nacional de tener el desempleo en un dígito.
Recientes estudios de Acrip y Fedesarrollo evidencian que la propuesta de revivir las horas extras y el recargo nocturno iría en contra, inclusive, de las reformas tributarias recientes que han buscando incentivar la formalización laboral. Los congresistas deben ser muy responsables y acoger los estudios técnicos en esta materia en el momento de votar los debates definitivos. Si fuera otro el entorno económico, tal vez sería viable considerar la iniciativa, pero debemos ser conscientes de que el país no está para tales aventuras.
Sin duda que siempre será deseable elevar el nivel de ingresos de los trabajadores, lo que podría ayudar a dinamizar el consumo interno, pero no puede perderse el equilibrio que garantiza la estabilidad, ya que al incrementar los costos de la nómina, solo se estarían tomando decisiones populistas que terminarían arrastrándonos a todos hacia el abismo. El alza en los ingresos de los trabajadores tiene que ir de la mano de la productividad. Faltan solo dos debates en el Congreso y es el momento de analizar a fondo las consecuencias, las que serían muy negativas cuando se pretende llegar pronto a crecimientos de la economía por encima del 5%.

Además, el sentido de tener jornada laboral sin recargo hasta las 10:00 p.m. se explica por la posibilidad de tener dos turnos completos desde las 6:00 a.m. Si eso se rompe, los empresarios tendrían que buscar alternativas para equilibrar sus costos, lo que obligaría a recortes de puestos de trabajo y un retroceso en la formalización laboral. Hay que recordar que el actual proyecto hace parte del compromiso de campaña asumido por el presidente Juan Manuel Santos en la segunda vuelta del 2014, pero si para esa época podría existir alguna justificación, para el día de hoy eso es absolutamente errado.