Una semana después de la masacre en el municipio de Magüi Payán (Nariño), ayer se pudo confirmar que en el acto violento murieron 13 personas, y que hay numerosos líderes sociales amenazados. Según la Defensoría del Pueblo el responsable de los homicidios, ocurridos el pasado 27 de noviembre, sería el Eln, con lo que violó el cese al fuego y hostilidades pactado con el Gobierno Nacional hace dos meses. No solo se trató de un enfrentamiento entre esa guerrilla y disidencias de las Farc, sino que los elenos abrieron fuego contra todas las personas que tenía al frente, entre ellas civiles, de acuerdo con las primeras indagaciones.
Este hecho sangriento coincide con la renuncia del jefe negociador del Gobierno ante el Eln, en Quinto (Ecuador), Juan Camilo Restrepo, quien argumentó que la razón de su salida es distinta a lo que está ocurriendo con el proceso de paz con esa guerrilla, el cual de todos modos parece estancado, sin mayores avances en los meses recientes. Restrepo, en su carta de renuncia aseguró que su partida tiene como fundamento "razones profesionales y personales", pero todo indica que la realidad es que está cansado de su papel. La falta de respaldo del Partido Conservador también pudo influir. Lo confirmado es que será parte de un tribunal de arbitramento en París.
Ante esto, el presidente Juan Manuel Santos salió a decir que se aprovechará para hacer una renovación del equipo negociador, con el propósito de darle oxígeno nuevo a los diálogos y tratar de avanzar más rápido. Sin embargo, por la manera como se comporta el Eln será difícil mantener el cese del fuego y continuar con la agenda establecida, sin un compromiso real de esa guerrilla de ponerle fin a toda acción militar que genere incertidumbres. De hecho, hace cerca de un mes otro hecho violento, el asesinato del gobernador indígena Aulio Isarama Forastero, en el Chocó, generó grandes dificultades. El hecho de que aún tengan personas secuestradas también es un obstáculo.
Además, sin disculpar a Restrepo de los pobres avances en las conversaciones, para cualquier negociador resulta incómodo que estén merodeando permanentemente en la mesa toda clase de personajes, con supuesta autorización presidencial. Eso es lo que ha pasado con el expresidente Ernesto Samper, el exministro Álvaro Leyva y el senador Iván Cepeda, quienes han estado en Quito entrevistándose con los jefes guerrilleros y generando ruido en los resultados oficiales de los diálogos.
Quien llegue a remplazar a Restrepo y los demás miembros de la mesa tendrán la responsabilidad, a partir del próximo 9 de enero, de garantizar que el Eln respete el proceso electoral, pero que lleguen además nuevos avances reales que permitan inclusive que esa guerrilla firme la paz con el presidente Juan Manuel Santos antes de su partida. No obstante, si se mantienen las acciones de facciones como la que delinque en el Chocó, que actúa prácticamente como una disidencia, será difícil alcanzar un buen final. Debe aclararse si esa célula del Eln se rige o no por las disposiciones de los jefes nacionales. También si se va a renunciar definitivamente al secuestro y la extorsión para financiarse.
Colombia no puede quedarse esperando mucho tiempo a que el Eln muestre una verdadera voluntad de paz, es necesario que vengan gestos más claros de esa ambición de dejar las armas y reincorporarse a la sociedad colombiana, como lo vienen haciendo las Farc. No basta con decir que se mantendrán en la mesa, es fundamental que en los meses que se aproximan se logre concretar un acuerdo que cumpla con parámetros aceptables por los colombianos.