Pasar al contenido principal
Fecha Publicación - Hora

El conflicto armado colombiano se ha caracterizado por toda clase de aberraciones. Masacres, atentados, emboscadas, violaciones, secuestros colectivos, extorsiones y otros crímenes atroces cometidos por guerrilleros, paramilitares y en algunos casos, infortunadamente, por agentes del Estado. Por fortuna, hoy se camina hacia un rumbo distinto al de la guerra y se van quedando en el pasado todos esos sangrientos hechos que tanto daño nos han causado a todos en Colombia.
En medio de ese conflicto, cientos de menores de edad han sido sacados de sus hogares para crear ejércitos, robándoles la posibilidad de construir sus vidas de una manera digna, y haciendo que en sus cerebros y corazones se haya tatuado la violencia como la razón de su existencia. Si se mira hacia el pasado, desde siempre en Colombia los niños han sido usados por los amantes de la guerra, debido a su natural inclinación hacia la aventura y por la aspiración de muchos de ellos por vengar las muertes de familiares, o por el imaginario de valentía que se vende cuando se usan armas.
Aprovechándose de eso, y en muchas ocasiones vendiéndoles la idea de obtener un mínimo ingreso económico o bajo la presión de las amenazas a sus seres queridos, las Farc reclutaron varios miles de niños en las dos últimas décadas. Se calcula que desde el 2002 cerca de 2.500 menores escaparon de esa organización al darse cuenta de que no era la vida a la que aspiraban. Solo en el 2014, las estadísticas muestran la huida de 274 niños y adolescentes. Muchos, sin estar convencidos de lo que hacían, murieron en combates con el Ejército cuando la acertada estrategia del Estado era diezmar a la organización guerrillera, para garantizar la tranquilidad de la mayoría de colombianos.
Es evidente que ellos fueron víctimas del conflicto, como ocurre con buena parte de los excombatientes de base, que en gran proporción ingresaron a las Farc siendo niños. Por eso es tan importante que haya finalizado el conflicto armado, para cerrar esa fábrica de guerreros y buscar que los potenciales soldados de la subversión hallen opciones dignas de la mano de la educación, del uso productivo de su tiempo y de su natural espíritu inquieto. El regreso a la sociedad de los menores de edad de las Farc tiene el significado de cortar de tajo esa espiral sin fin de la violencia.
Los jefes de las Farc han dilatado bastante el cumplimiento de su compromiso en este sentido. Después de un año de haberlo prometido empieza el proceso de devolución, en el que el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) ya hace gestiones. Se calcula que en una primera etapa retornarán cerca de 50 menores, quienes quedarán en custodia de la Unicef y otros organismos, para ponerlos en contacto con sus familias y empezar el proceso de recuperación de sus derechos e inserción a la sociedad. No hay un número concreto de los menores que saldrán, pero tienen que ser muchos más de los que se ha dicho. El registro que se está haciendo en las zonas veredales tiene que arrojar un resultado real. 

Los primeros operativos de liberación se llevaron a cabo en la vereda Carrizal, en Remedios (Antioquia), donde las Farc entregaron siete menores. En otras regiones se comenzarán a verificar este fin de semana los avances de estas liberaciones, que se espera se den muy pronto. En cada una de las zonas veredales deben darse estos procesos con agilidad, para que sea evidente el compromiso de los jefes de las Farc de seguir avanzando en la consolidación de la paz. Para los hijos de los guerrilleros también deben tenerse programas especiales de apoyo, con el propósito de que crezcan en ambientes lejanos a la violencia.