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Al final todo se trata del poder, la ambición que más injusticias y dolor ha causado históricamente a la humanidad. Hace poco más de dos mil años, al sentir amenazado su poder, relata el evangelio de San Mateo en el Nuevo Testamento, que Herodes I de Judea, recibió el mensaje de los adivinos de que pronto vendría el rey de reyes de los judíos, el Mesías, lo que amenazaba el título que le había otorgado el Senado romano. Eso le bastó al rey para mandar a matar a todos los niños menores de dos años en esa provincia, para lo cual planeó un censo que permitiera tener controlados a los judíos, pueblo del que se suponía vendría esa amenaza encarnada en hombre.

La matanza cometida contra esos inocentes es lo que se conmemora hoy, 28 de diciembre, y que nos debe servir para llamar a la reflexión en una época en que muchos poderosos en el mundo siguen sintiéndose con el don de decidir sobre las vidas de los otros y así es como promueven guerras o toman decisiones que destruyen a miles y hasta millones, pero que de alguna manera los beneficia a ellos o a sus países y sus políticas. El asunto es tan dramático que no nos basta la experiencia de las barbaries pasadas para dar un paso adelante en este tipo de situaciones, sino que las repetimos una y otra vez.

Este 28, muchos lo aprovechan para hacer bromas pesadas, asunto que la Iglesia Católica resiente por tratarse de una conmemoración, el Día de los Santos Inocentes, por los miles que murieron por las órdenes de Herodes, hombre que por la apenas amenaza de algo que podría suceder o no, no tuvo empacho ni remordimiento posterior en acabar con las vidas de niños inocentes. A la mejor manera de las guerras preventivas, se inventan excusas para causar dolor y sembrar miedo, un sentimiento que se usa cada vez más para influir en las decisiones de los pueblos.

Sirve para reflexionar este día. Fijarnos en los hombres y mujeres que nos gobiernan y en sus decisiones, si están para favorecer solo a su círculo más cercano o para realmente tomar decisiones que favorezcan a la mayoría de ciudadanos. A quienes dirigen las ciudades, los departamentos y el país para que entiendan la necesidad de que apoyen sus decisiones en razones técnicas y que al tiempo consideren las afectaciones morales por sus medidas, porque como dice el principio del derecho: summum ius suma iniuria, que significa mucho derecho, mucha injusticia.

 

Nada más peligroso que un gobernante que decide con soberbia o con ignorancia. Por eso lo que pretendemos con la edición anual de la sección de La Trampa es mostrar cómo muchas veces las cosas no son tan claras como las pretenden hacer ver los servidores públicos y que es necesario reflexionar sobre tanta cosa que se dice sin medir las palabras, las mismas que mal dichas o en escenarios no propicios pueden terminar simplemente abriendo grietas en la institucionalidad. Esperamos que se tomen este divertimento de hoy como eso, pero ojalá además de robar unas sonrisas, sirva para que quienes sufren tanto por obtener el poder se den cuenta que este tiene sentido si es para ponerlo al servicio de los demás, no para lucirse o, peor, para favorecerse.