Comienza hoy la tarea legislativa del nuevo Congreso de la República, conformado por 279 miembros (108 en el Senado y 171 en la Cámara de Representantes), cuyos miembros fueron elegidos el pasado 11 de marzo, en una jornada en la que el Partido Liberal y el Centro Democrático acapararon el mayor número de curules al sumar las dos cámaras, pero en la cual también llegaron fortalecidas minorías del centro y de la izquierda que serán protagonistas en el esquema que surge de la existencia del Estatuto de la Oposición.
También estarán en esta ala de la política los 10 congresistas de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común que arriban al Capitolio como resultado del acuerdo de paz con las Farc. A esto se suma la presencia de Gustavo Petro y Ángela María Robledo, quienes según las nuevas reglas de juego, tienen derecho a curul por haber sido segundos en la elección presidencial. Esto garantiza que la polarización política se mantenga y tal vez se profundice. Eso no es malo per se, siempre y cuando sea responsable y respetando las mínimas condiciones de la democracia.
Hasta ayer, al cierre de esta edición, el Consejo Nacional Electoral (CNE), mantenía en vilo a algunos senadores y representantes a la Cámara, que estaban pendientes de reclamaciones presentadas para establecer últimos renglones en algunos partidos. Además, al parecer el movimiento Colombia Justa-Libres habría ganado la puja por tres curules en el Senado, lo que llevaría a que tales escaños los perderían el Partido Conservador, la Alianza Verde y la Lista de la Decencia. Tal determinación ayudaría al nuevo presidente de la República, Iván Duque, a consolidar las mayorías.
Ahora bien, en un hecho sorpresivo a mitad de semana, los partidos Cambio Radical y de la U, que acompañaron a Duque en segunda vuelta, se declararon en independencia. Eso es algo que también permiten las nuevas normas y que podrían llevar a que las mayorías claras que parecía tener el nuevo gobierno comiencen a tener dificultades. Esto podría llevar a que los anuncios de Duque con respecto a las modificaciones al acuerdo de paz no puedan concretarse y que se imponga el respeto a lo acordado. Para los temas económicos, que también son prioridad, se anticipan encendidos debates con posturas bien diversas.
Con respecto a la paz, la verdad es que lo mejor para el país sería seguir avanzando en la implementación de lo acordado sin distraerse en introducir cambios que solo llevarían a poner en riesgo lo alcanzado. No es conveniente para la estabilidad jurídica tratar de ejecutar modificaciones a hechos que vienen demostrando beneficios, y no pueden desconocerse aspectos sociales que deben acometerse lo más pronto posible, no porque lo diga un acuerdo, sino para construir una prosperidad económica y social en Colombia.
Los temas económicos que deberá tramitar el Legislativo con mayor urgencia tienen que ver con una necesaria reforma tributaria, para la cual Duque se comprometió a una rebaja de impuestos. También deberán hacerse modificaciones al sistema de regalías y sobre todo impulsar una reforma pensional que lleve a que más colombianos puedan jubilarse en el país, bajo un sistema más equitativo y viable.
En lo referente a Caldas, la esperanza es que nuestros congresistas se puedan poner de acuerdo para impulsar los proyectos más importantes para el departamento, y frente a los cuales el hoy presidente electo se comprometió a concretar, como el Aeropuerto del Café. Además, debe hacerse, por fin una mejor vía desde Manizales hacia el río Magdalena y todo lo referente al municipio de La Dorada como gran polo de desarrollo en el oriente de Caldas, entre otras iniciativas fundamentales para el desarrollo regional.