Pasar al contenido principal
Fecha Publicación - Hora

El miércoles pasado se cumplió el Día D+90 en el proceso de desmovilización, desarme y reintegración a la sociedad colombiana de los guerrilleros de las Farc, y con ello se comenzó a dar el paso de dejar el primer 30% de las armas que esa agrupación usó para hacer la guerra y que después del 1 de junio, como está previsto, deben quedar en manos de las Naciones Unidas en su totalidad. Vendrá luego su fundición para fabricar tres esculturas que transmitan el sentimiento de paz que apenas empieza a edificarse en un país que en los últimos tiempos ha estado bastante polarizado, aunque mucho menos violento que cuando comenzaron los diálogos, hace cerca de seis años.
Pese a los vaivenes y obstáculos que ha tenido que afrontar la implementación de los acuerdos, también lentamente se va configurando como real el compromiso asumido por los jefes subversivos acerca de que en adelante sus únicas armas serán las palabras, porque precisamente ese fue el motivo para el primer acercamiento entre las Farc y el Gobierno y sentarse a negociar para ponerle punto final al frenético ritmo de muertes violentas que cada día engrosaban las estadísticas del conflicto armado, las cuales hoy, por fortuna, son muy inferiores a los niveles de la década pasada.
Es cierto que se han dado retrasos en asuntos logísticos como la ubicación de cerca de 6.500 hombres y mujeres excombatientes, en tránsito de desmovilización, y que por momentos se han dado tensiones en el interior del organismo de monitoreo y verificación del que hacen parte las Farc, el Gobierno y las Naciones Unidas. No obstante, esa era una situación previsible, y que por fortuna empieza a quedar atrás, igual que la amenaza de que muchos guerrilleros no se desmovilizarían. Hoy, según el Ministerio del Interior, solo el 2% de los miembros de esta agrupación se quedarán por fuera de lo acordado.
Así las cosas, los cronogramas establecidos en el acuerdo final tienen que cumplirse como está previsto, con el propósito de que a mediados del año se cumpla la meta de tener desarmadas a las Farc, y ya con la posibilidad de conformar el partido político con el que participen en el sistema democrático, de manera pacífica. Simultáneamente, en el Congreso de la República se estará cumpliendo la implementación de los acuerdos, en la que no será fácil tramitar asuntos espinosos como la reforma del sistema electoral y político que apunte al fin, por ejemplo, del voto preferente.
La Justicia Especial para la Paz ya cuenta con el visto bueno del Legislativo y vendrá ahora la conformación del tribunal para juzgar a quienes hayan cometido delitos de lesa humanidad y los confiesen, y se comprometan a reparar a las víctimas. También se debe avanzar en la aplicación de la amnistía a los combatientes rasos y toda la mecánica de reintegración a la sociedad, a través de programas que los capacite en distintas áreas y que les abra las puertas para ingresar al sistema productivo, de tal manera que sus energías se usen para el bien en el futuro.

Ayer, en un conversatorio en Manizales organizado por las universidades Nacional, de Caldas, Manizales y Autónoma, con el respaldo de LA PATRIA y el Cinde, y en el que participaron voceros del Gobierno Departamental, la Asamblea de Caldas, la Unidad de Víctimas, la Mesa Departamental de Víctimas y el PDP del Magdalena Centro, la comunidad académica, ciudadanos y representantes de organizaciones sociales se dio la oportunidad de reflexionar acerca de lo que nos espera a los caldenses durante esta nueva etapa. Hay evidencias de que el país ya entró en el desafío irreversible de consolidar esa paz con la que todos los colombianos hemos soñado.