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Venezuela camina por los caminos más azarosos de su historia en mucho tiempo. La presión de la oposición al régimen de Nicolás Maduro ha ido ganando fuerza y al paso que van las cosas podrían darse situaciones que lleven a un cambio de gobierno como única salida posible a la crisis. En un acto de aparente desespero, el presidente del vecino país se propone ahora a impulsar una Asamblea Nacional Constituyente con la que se buscaría modificar la Constitución promulgada por el propio Hugo Chávez al comienzo de su gobierno, en 1999, con fines que podrían ir demasiado lejos.
Esa es la sorpresiva respuesta de Maduro a la exigencia de la oposición para que se anticipen elecciones generales, lo que llevará, sin duda, a que se agudicen más las tensiones en ese país, mientras que el líder chavista saca la disculpa de que su propuesta apunta a que sea el pueblo el que defina el futuro de Venezuela, cuando sus intenciones serían, en realidad, muy diferentes, contrarias a esa supuesta vocación democrática. Razón tienen los opositores al calificar la idea de Maduro como un "golpe de Estado" y un "fraude constitucional", ya que así se le quita toda la legitimidad a la Asamblea Nacional, donde los chavistas son minoría.
Para hoy los partidos opositores reunidos en la Mesa de Unidad Democrática (MUD) tienen previstas nuevas marchas que prometen ser más grandes que las anteriores, en las que se han dado choques violentos con la guardia nacional. Si se tratara en realidad de profundizar la democracia participativa y dejar en manos del pueblo el futuro del país, tal acción sería loable, pero el mandatario se propone que sesionen unos 500 asambleístas que no serían elegidos por voto universal, sino por sectores sociales y comunales amigos del chavismo, una propuesta a todas luces arbitraria y antidemocrática.
Hoy es un hecho que si el gobierno aceptara la exigencia de ir a elecciones anticipadas, la oposición ganaría. Así, la salida planteada por Maduro no es más que un atrevimiento que funciona como cortina de humo mientras busca nuevas alternativas para mantenerse en el poder a toda costa. Inclusive, una constituyente podría llevar a declarar que el actual gobierno permanezca más allá de lo establecido en la Constitución, cuando debería terminar a comienzos del 2019. El año pasado debieron hacerse elecciones de gobernadores y no se hicieron, este año deben realizarse las de alcaldes y aún no se sabe si habrá, y para el año entrante deben realizarse las presidenciales. Con el panorama que se observa, en lugar de anticiparse se terminarán aplazando más y más.
Puede afirmarse, entonces, que la idea de Maduro lejos de ser una solución atiza la hoguera, le permite ganar tiempo para asegurar el control del Ejecutivo y para posar de demócrata cuando la realidad es que los asambleístas terminarán controlados y haciendo todo lo que su régimen quiera para perpetuarse en el poder y evitar que las mayorías opositoras se impongan en unas eventuales elecciones generales. Lo que se prevé es que en las calles se mantengan las protestas, cada vez más numerosas, y que las situaciones de violencia se multipliquen peligrosamente en tránsito hacia una posible guerra civil.

Desde la comunidad internacional se hacen toda clase de esfuerzos para buscar que el conflicto venezolano se supere por los cauces legales y del diálogo, pero los hechos recientes dejan un espacio muy reducido a la diplomacia. El peligro de una constituyente como la planteada es que así solo tuviera la intención de darle una salida institucional a la crisis, una vez establecida nada puede oponérsele, y podría ejecutar cambios que cierren cualquier posibilidad a la recuperación de una democracia real en el vecino país.