La salida del demócrata Barack Obama de la Presidencia de los Estados Unidos en enero pasado y la llegada del republicano Donald Trump, con un discurso xenófobo y de desprecio hacia América Latina, hacía prever que la postura de ese país norteamericano hacia la paz que se firmó recientemente entre las Farc y el gobierno que lidera el presidente Juan Manuel Santos, cambiaría en contra de manera radical. A menos de dos semanas del encuentro oficial entre ambos mandatarios en la Casa Blanca el 18 de mayo, el Congreso de los Estados Unidos, con mayoría republicana, aprobó un paquete de ayudas para el 2017 por 450 millones de dólares, un 20% más de lo que se tenía en el pasado. De hecho, desde el 2007 no experimentaba ningún incremento.
Desde luego que falta aún la firma del presidente Trump para que el programa Paz Colombia reciba la financiación esperada, y de esta manera los Estados Unidos se conviertan en aliados fundamentales en la construcción real de la paz en nuestro país. Es previsible que en dicho encuentro se hablará del acuerdo logrado con las Farc y el proceso que se lleva a cabo con el Eln, pero que además se abarcarán puntos en materia de seguridad, lucha contra las drogas ilícitas, la crisis venezolana y toda una serie de asuntos bilaterales y regionales de interés para los dos países, también en materia económica.
Como base de esas relaciones futuras de Colombia con los Estados Unidos ya se cuenta con un informe elaborado por el Grupo de Trabajo sobre Paz y Prosperidad de Colombia del centro Atlantic Council, copresidido por los senadores de ese país Roy Blunt y Ben Cardin. En él se recopilan algunas recomendaciones acerca de cómo debe ser esa alianza bilateral en el marco del postconflicto colombiano. La idea es que la agenda entre los dos países, como se logró con la administración Obama, no se limite solo a los temas de crimen internacional, sino que avance en asuntos de inversión que sean positivos para Colombia.
Con la decisión de no solo mantener la ayuda a nuestro país sino de mejorarla en cerca de 80 millones de dólares para este año, los Estados Unidos envían un claro mensaje acerca de su compromiso con la búsqueda de nuevos horizontes para Colombia en los que no quepan las confrontaciones armadas. Es apenas lógico que es mejor tener un aliado que dejó atrás un conflicto sangriento de más de medio siglo, que ayudar a reversar la desactivación de esa guerra que a muy pocos les conviene. De hecho, del total de recursos 187 millones de dólares estarán destinados para la reinserción de los integrantes de las Farc a la vida civil, para que contribuyan al desarrollo económico.
En este mismo sentido, es un gesto muy importante de respaldo internacional que la semana pasada hubiera sesionado en Colombia el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, cuyos miembros manifestaron de manera clara su beneplácito de que nuestro país sea ejemplo del único proceso de paz exitoso actualmente en todo el mundo. Esto tiene que servir para que todos se vuelquen a invertir en Colombia y ayudar a generar riqueza y desarrollo en toda la geografía nacional, sobre todo en aquellas regiones que siempre han estado olvidadas, relegadas y presas de la pobreza.
Así que, pese a que se llegó a pensar que la Paz Colombia se quedaría sin financiación, y que los líderes republicanos estadounidenses trabajarían para oponerse a la paz impulsada por el gobierno de Santos, la realidad es que en ese país las mayorías bipartidistas entendieron que si Colombia supera la guerra totalmente será un aliado más positivo: una cátedra de sentido común.