A punto de terminarse el 2017 es suficiente con dar una mirada a lo que ha sucedido en nuestro país para confirmar ese viejo axioma que dice que la historia se repite en círculos concéntricos. Eso sucede en muchas partes, pero en nuestro país parece un sino.
La tragedia de Mocoa, en donde perdieron la vida al menos 333 personas y otras 70 desaparecieron, además de los miles de millones de pérdidas materiales, nos recordaron la vulnerabilidad de nuestros sistemas de planeación en ciudades, de cómo el cambio climático llegó para quedarse, de lo cual también tuvimos nuestra dosis en Manizales el 19 de abril, cuando murieron 17 personas en deslizamientos por cuenta, entre otras razones, de un aguacero desproporcionado. Cayó en unas horas la lluvia que normalmente cae en 20 días. El asunto es que estos fenómenos tienden a repetirse y necesitamos revisar si estamos preparados para ellos. Parece que no.
Aunque parece que la noticia de la paz hubiera quedado en el 2016 con la firma de acuerdos y el Nobel otorgado al presidente, la realidad es que solo este año se concluyó con la dejación de armas de los guerrilleros desmovilizados de las Farc, lo que es un hecho realmente alentador para el futuro de Colombia, pero que se fue desluciendo poco a poco, por cuenta de las dificultades normales, pero peligrosas, que se dan en estos procesos.
El difícil paso por el Congreso de varias leyes, que han tenido que ser reparadas por el poder judicial, el galimatías armado alrededor de la discusión y aprobación o no de las jurisdicciones especiales de paz, las denuncias de posibles desbandadas de las zonas de concentración y la campaña política presidencial, montada por varios aspirantes en las críticas a la paz con las Farc, hacen pensar en la necesidad de llegar a un acuerdo como nación y esto se ve muy lejos.
A estos temas se suma la corrupción. Se han destapado importantes escándalos que involucran los más altos niveles del Estado, en temas como Odebrecht, que trascendió las fronteras latinoamericanas, o la comida de los niños con el Plan de Alimentación Escolar. Este flagelo inspira a varios candidatos. Leyes van y vienen para controlarlo, pero ya sabemos que las prohibiciones no sirven si no se tienen estructuras de control más técnicas y confiables y si no hay formación ética y en valores desde el hogar. Aquí el reto es mayor y empieza por el ejemplo desde arriba.
Este 2017 nos dejó también la visita del papa a Colombia. Francisco trajo un mensaje de unidad, de esperanza, de la necesidad de que como sociedad hagamos un esfuerzo por construir la paz, que requiere del aporte de todos. Sus mensajes para las víctimas, para los victimarios, para el clero, para los colombianos en general, no solo los católicos, es de hacer un esfuerzo individual para conseguir los logros colectivos. Si atendemos a ese llamado, seguramente lograremos superar esas repeticiones históricas y avanzar hacia un país que se encamine a la modernidad. Ojalá la campaña para la Presidencia deje la tranquilidad de encontrar un norte común, con base en unos fundamentales inamovibles, así estemos en desacuerdo en otros asuntos, como es obvio.