Agosto llegó con cambios en el sistema de salud que plantea grandes interrogantes acerca de lo que vendrá en el futuro para la atención de millones de familias en todo Colombia. Desde el pasado 1 de agosto Cafesalud le entregó a la nueva EPS Medimás sus 5,6 millones de afiliados, en una decisión orientada a superar las numerosas y complejas dificultades que la mayor empresa prestadora de salud del país venía sufriendo, luego de recibir todo el peso de la operación de Saludcoop, hoy en proceso de liquidación. También desde el final de este mes, la EPS Coomeva cerrará operaciones en 223 municipios colombianos, entre ellos 14 de Caldas.
Esta difícil situación toca de manera directa a Manizales, donde la Secretaría de Salud ha advertido que ninguna de esas dos EPS tiene red para atender a sus pacientes en esta ciudad. Así, pese a que 283 mil usuarios de Coomeva podrán pasar a otras EPS, en la capital caldense sus afiliados seguirán soportando las mismas dificultades sin ver una salida en el horizonte. El panorama para los usuarios de Medimás tampoco es halagüeño, ya que solo el Hospital Santa Sofía sería el lugar en que podrían recibir atención en Manizales y para muchas otras especialidades tendrían que irse a Pereira y otras ciudades.
Los afiliados a Medimás esperan que la llegada del nuevo dueño, el consorcio Prestasalud, signifique dejar atrás los lunares en el servicio que vienen sufriendo. Está previsto que la nueva EPS garantice que todos sus afiliados tengan un servicio directo de consulta con médico general, especialidades básicas, toma de muestras de laboratorio, autorizaciones de radiología básica, entrega de medicamentos, programación de citas y procedimientos, sin tener que desplazarse a otros lugares. No obstante, todavía se tendrían vacíos en este sentido que es fundamental remediar sin dilaciones. También existe el compromiso de reforzar los planes de prevención en salud, que son los que más interés deberían concentrar en todo el sistema para aspirar a tener cada vez una operación más efectiva y sostenible.
La autorización de la Superintendencia Nacional de Salud a Coomeva para dejar de atender en varias regiones del país llevará a que sus afiliados en Anserma, Aranzazu, Belalcázar, Chinchiná, La Dorada, Norcasia, Palestina, Pensilvania, Riosucio, Risaralda, Salamina, San José, Supía y Viterbo tengan que ir a otras EPS desde el próximo 1 de septiembre. Con el escenario general que se observa lo que está pasando no significa que los pacientes puedan mejorar las atenciones recibidas, sino que en muchos casos sus tratamientos tendrán que comenzar de cero.
Para acabar de completar el panorama gris que se observa, la situación financiera de Assbasalud es preocupante, al no contar con recursos suficientes para operar durante el resto del año. El ajuste que hizo la Administración Municipal el año pasado, con el cierre de puestos de salud y la limitación del servicio de urgencias en La Enea y San Cayetano no ha sido suficiente para sanar sus finanzas, que se han visto afectadas por tener cada vez menos usuarios. Todo indica que en este caso específico tendrán que tomarse nuevas medidas en próximos días para evitar un colapso mayor.
Colombia, sin duda, ha avanzado más que muchos países en la garantía de una atención universal en salud para todos los ciudadanos, pero infortunadamente ha tomado ventaja un problema estructural en la financiación del sistema que hace difícil que pueda funcionar de manera adecuada hacia el futuro si no hay cambios de fondo. El Gobierno ha tomado decisiones acertadas para bajar los costos de los medicamentos, por ejemplo, pero el corazón de las dificultades, cuando hay cuantiosas deudas entre las EPS y las clínicas y los hospitales, sigue sin resolverse y cada día que pasa es peor.